El polivalente invisible
Víctor Sánchez pasa inadvertido una vez más y permite que Maxwell viva un plácido partido · El jugador formado en el Barça sigue sin demostrar sus cualidades
No se puede decir que fuera un duelo entre Víctor Sánchez y Maxwell porque en ninguna ocasión encaró el jugador xerecista a su oponente. El barcelonista se limitaba a cumplir con el rol que le ha sido encomendado en un equipo que juega de memoria. No pierde la posición, ni el balón, cuando recibe la pelota se la da al que está más cerca y no asume riesgos.
Lo de Víctor Sánchez sigue siendo una incógnita. Llegó con la vitola de poder jugar en varias posiciones y por el momento no ha demostrado encajar realmente en ninguna. Da la impresión de que es un lateral que puede actuar un poco más adelantado, si acaso, pero no tiene regate y tampoco disfruta de una velocidad como para desbordar en una competición tan exigente. Quizá por todo ello su papel está siendo tan marginal en el equipo, aunque ayer Ziganda le diera el premio de enfrentarse a sus ex compañeros.
"Hay que agradecer lo que nos ha ayudado Víctor para conseguir los éxitos", dijo Guardiola tras confirmarse su cesión al Xerez. En un equipo que juega de memoria cuando le tocó entrar el año pasado no desentonó, pero ahora que tiene que tomar protagonismo, la cosa es muy diferente. Cierto es que no ha tenido continuidad, pero en un equipo como éste es casi imposible insistir en un jugador que no destaca en una posición tan importante para el equipo. Ayer hizo bien la labor de ayudar a Francis y de cubrir las subidas de Keita, pero eso no parece suficiente como para seguir en el once.
El caso de Maxwell es diferente. En los vídeos que ponían insistentemente en televisión cuando el Barcelona anunció su fichaje se le veía haciendo caños y llegando al área del rival. Era un Dani Alves de la banda izquierda, pero eso sería en el Inter porque en el Barcelona sabe muy bien dónde están los límites. Hasta el minuto 44 no se acercó a los dominios de Renan, pero puso el balón del gol a Henry nada más comenzar la segunda mitad.
El partido cambiaba, aunque relativamente. El balón seguía siendo del Barcelona, que parece jugar un interminable rondo con sus rivales, y el Xerez se veía ahora en la obligación de ser más vertical para aspirar al empate. En sus ataques, el equipo de Ziganda casi siempre apostaba por volcar el juego a la banda izquierda, donde Orellana le buscaba las cosquillas a Dani Alves sin mucho éxito. Víctor Sánchez se las vio con Maxwell en algunas ocasión, sí, pero nada que ver con lo que se espera de un futbolista que ocupa esa posición en el campo.
En el minuto 70, después de un robo en el centro del campo, el jugador del Xerez centró con cierto peligro. Es lo único positivo que se le puede apuntar en el balance ofensivo, un paupérrimo balance de un equipo que necesita como el comer futbolistas con personalidad y, sobre todo, con calidad, para salir de ese divorcio permanente que tiene con el gol.
Al final se marchó del campo sustituido por Armenteros y el argentino hizo mucho más en mucho menos tiempo. Una cuestión de encarar, de desbordar y de centrar. De fijar al lateral de su banda porque sabe que puede crear peligro. Nada de esto hizo Víctor Sánchez, que quizá tenga reservado lo mejor de su repertorio cuando tenga que actuar como lateral derecho en alguna ocasión, aunque él comentó que se decidió por la propuesta del Xerez porque aquí le garantizaban muchos minutos jugando de interior, algo que, afortunadamente, no se está produciendo.
Y Maxwell, a lo suyo. Se convirtió en un pivote más para el juego hipnótico del Barcelona, un equipo que siempre encuentra un apoyo cerca, que siempre sabe cómo presionar después de cada pérdida, aunque ayer tuvo algunos momentos de cierta indolencia que le pudieron costar muy caros. Según el partido de ayer, Maxwell no le va a quitar el puesto a Abidal, pero demostró tener mucho oficio para hacer lo que se le pide. Ni más ni menos.
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