Querido primo (digo lo de querido aunque si te tuviera delante te retorcía el pescuezo como a los pollos):

He venido este año, por primera vez, al Festival de Jerez. Me he apuntado a un curso de iniciación de bulerías del que no me entero ni aunque me lo expliquen treinta veces, así que no he vuelto y estoy por la mañana y por la tarde en el Pasaje, tomando un vino que se llama Palo Roto, o Palo no sé qué, que no veas cómo sienta para este tiempecito que nos está haciendo. Que ésa es otra, mucho sur, mucho sol y mucha terraza, y esto parece Irlanda: no para de llover ni de ventear.

Y a mí que llueva o no me da igual para salir a la calle. Ya sabes que me gusta más una copa que a un anuncio de Fairy, pero es que he tenido que gastarme un dineral en unas botas de agua, porque daba ya el cantecito con mis calcetines de tenis y las sandalias. Para colmo, como tengo un 31 de pie, me han vendido las únicas botas que le quedaban de mi número, unas con un dibujo de Dora la Exploradora o no sé qué. Monísima voy a los espectáculos, porque encima las botitas tiene luces. Así que aquí iba a disfrutar del clima del sur, ¿no? Para majarte a palos.

Ah, otra cosa, Olegario. No me explicaste nada de la tradición de convertir el centro de Jerez, cuando llega el domingo, en una ciudad fantasma. Ni te imaginas la que pasé para encontrar un sitio decente para desayunar. Al final me tuve que ir a un puesto que hay en la plaza donde vende esas cosas fritas. Muy simpático el tendero, menos mal, cuando le pregunté el precio de las churras. Se rio mucho.

Bueno, ya el sábado me voy a Tokio. El año que viene regreso, pero como me vuelvas a hablar del buen clima en el sur y haga este tiempo te reviento.

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