Desde el nido del cuco

La caída de un coloso (y IV)

Recordamos que, a raíz de la caída de la gran encina de la Avenida, repasábamos los grandes ejemplares del género Quercus que existían en nuestra ciudad. Habíamos visto encinas (Quercus ilex) y quejigos (Quercus canariensis y quercus faginea), y nos quedaba por recordar el árbol, en mi opinión, más genuino de nuestros bosques: el alcornoque (Quercus suber ). Digo esto porque todo el este de nuestro extenso término municipal está copado por grandes masas de monte alcornocal, monte que en principio pertenecía todo a nuestro Ayuntamiento, hasta que las desamortizaciones del siglo XIX pasaron gran parte de esos bosques a manos privadas, quedando casi 7.000 hectáreas en propiedad municipal, los actuales Montes de Propios. El alcornoque no tiene una buena madera, pero su leña y sus bellotas han sido explotadas desde la prehistoria, pero empieza a tener un extraordinario valor cuando a finales del siglo XVIII su corteza, el corcho, empieza a tener utilidad para tapar vasijas y botellas popularizándose, sobre todo a partir del siglo XX el tapón de corcho. En ese siglo abrieron en Jerez muchas fábricas de tapones impulsados por catalanes, que vieron una oportunidad de negocio en nuestros alcornocales aún sin explotar, a diferencia de los bosques catalanes que llevaban ya más años en producción. En nuestra ciudad los alcornoques tienen un inconveniente, son unos árboles calcífugos, o sea el terreno calizo de nuestra ciudad no se le da nada bien, necesitan terrenos ácidos, y eso se da en la zona del Parque Natural de Los Alcornocales, muy lejos de nuestra urbe. No obstante, algunos ejemplares habrán encontrado unas vetas edáficas apropiadas y han prosperado notablemente. Majestuosos son los existentes en la parte trasera del antiguo parque de bomberos, interesantes los existentes en las cercanías del colegio Tartessos, y bellísimo el conjunto existentes en el parque de La Plata, ejemplares trasplantados escayolados, procedente de los Montes de Propios junto a quejigos, algarrobos y acebuches que nos trasladan a una evocación de nuestros singulares bosques.

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