Cinco Llagas

Malagueñas con orquesta

  • Moreno gana un debate. El jefe de los populares, que no destaca como parlamentario, le ganó ayer la pugna dialéctica a la presidenta Díaz. Una novedad digna de mención

Escribía Ortega y Gasset en 1910, criticando la retórica parlamentaria grandilocuente y vacía de la época, que si los pensamientos son simplicísimos y los afectos incomplejos, la expresión debía ser correspondiente. El filósofo pedía sencillez e ir al grano sin subterfugios: "Lo que ha pasado aquí es que nos hemos empeñado en tocar malagueñas con orquesta. Pues bien, todo lo que sea volver a la guitarra ha de parecernos plausible". Al estado mayor socialista de la Cámara andaluza habría que pedirle lo mismo. Sencillez sin rodeos.

Este cronista ignora por qué los demás grupos, que son mayoría, consienten que en la sesión de control a la Junta el portavoz del PSOE haga una pregunta que siempre es de control al Gobierno nacional del PP. Y que, en una combinación de bombos mutuos, la respuesta de la presidenta se convierta en una crítica feroz al Gabinete de Rajoy y en una propaganda sin límite de su propio Ejecutivo regional. ¿Tiene eso algo que ver con el control de la gestión del Gobierno autonómico andaluz? La cuestión es por qué la oposición no liquida esta anomalía. No se explica.

Ayer entre Mario Jiménez y Susana Díaz tocaron malagueñas con orquesta filarmónica y hasta las cantaron con el Orfeón Donostierra. Se quejó la presidenta del atropello que los Presupuestos Generales del Estado han hecho con Andalucía, con catorce puntos menos de inversión que la media nacional. Hizo un relato pormenorizado de todas las asignaturas pendientes del PP en Andalucía y de los (enormes) méritos contraídos por la Junta. Pero no se atrevió a entrar en honduras: podría haber utilizado el orfeón virtual para criticar los regalos presupuestarios que el presidente Rajoy ha hecho al País Vasco, para que el PNV le apruebe esos PGE.

Pero en plena campaña de las primarias socialistas prefirió ir a lo fácil -las "magnificentes gesticulaciones", que diría Ortega- antes que arriesgarse a disertar en serio sobre desigualdad entre españoles. En todo caso, la pregunta tuvo mucho de teatro. Como el de los futbolistas cuando les hacen falta y se revuelcan por el suelo para forzar una tarjeta: El miércoles hubo en el Pleno un debate sobre los PGE, al que por cierto sólo asistieron dos consejeros, Montero y Arellano. Dos y medio, si se cuenta que Adelaida de la Calle estuvo un rato... Si tanto preocupa el asunto en la Junta podría haber estado el Gobierno en pleno.

El debate nos ofreció una novedad. Un Juanma Moreno inspirado en las formas, aunque repitiera los mismos argumentos de siempre. Y una Susana Díaz sin ganas de peleas menores. Preguntada en los pasillos del Parlamento sobre las primarias del PSOE, dijo que no se pensaba distraer en insultos, ni en ataques, ni en faltas de respeto. Y como parece tener más la cabeza en la Secretaría General del PSOE que en las cuestiones regionales, ayer en el debate de control a su Gobierno intentó evitar los cuerpo a cuerpo.

Casi lo consigue, pero un motivado Juanma Moreno se lo impidió en el último turno. Su guión no ofrecía nada nuevo: El PSOE hace aquí una confrontación de salón de discrepancias con Podemos, pero no es un dique de contención contra el populismo, sino todo lo contrario; le abre las puertas de las instituciones. Puso de ejemplo los ayuntamientos de Cádiz, Marbella, Torremolinos, Granada... y desde esta semana Priego de Córdoba. Y ya entró en descalificaciones personales, a ver si sacaba de sus casillas a la presidenta. Le repitió letanías usadas, pero de tanto ensayarlas ayer le quedaron redondas: que ha abandonado, que está distraída y ocupada sólo en su futuro. Que ha perdido la ilusión y gobierna a ratos desde el AVE o el coche a base de WhatsApp.

Díaz acusó el golpe. Y pasó al contrataque, en tres pasos. 1. Le acusó de haberse confabulado con Podemos para tener a Andalucía 80 días sin gobierno al inicio de la Legislatura y aprovechó una torpe declaración de Echenique hace unos días para establecer que Podemos y el PP habrían hablado recientemente de una moción de censura en Andalucía. 2. Le echó en cara que esté escondido para evitar pronunciarse sobre el "atraco" de los presupuestos del Estado con Andalucía. Y 3. Le intentó herir en su amor propio ironizando sobre su "imponente liderazgo", ante los líos congresuales del PP en varias provincias, como Sevilla, Granada, Córdoba o Jaén. Eso sí, añadió con cierto descaro, que iba a ser muy respetuosa y no iba a inmiscuirse en asuntos internos de otro partido. O sea, que no iba a hacer lo que ya había hecho.

Los dos cometieron un fallo habitual. Juanma la volvió a mirar de abajo arriba: "baje a la realidad". Y Susana habló de sí misma en tercera persona. "Esta presidenta" o "la presidenta" le sale cuando presume en exceso e instintivamente quiere coger algo de distancia. A Verstrynge, cuando era secretario general de AP, le gustaba hablar de sí mismo así: "el señor Verstrynge, esto... el señor Verstrynge, lo otro".

Moreno insistió en su tema favorito: Díaz está desconectada y tiene una incapacidad manifiesta para gobernar. "No le dedica tiempo a Andalucía. Usted ya se ha ido y no tiene retorno". Le espetó que tiene ganas e ilusión de irse a Madrid y muy poca para encarar los problemas que tiene aquí. Díaz acudió a otra muleta que utiliza en exceso: que Moreno es poco trabajador.

Los demás portavoces también le afearon que esté más tiempo pendiente de su campaña en el PSOE que del Gobierno andaluz. Teresa Rodríguez, de Podemos, lo vinculó a que utiliza las campañas institucionales de la Junta para su promoción personal. Díaz habló de campañas contra el maltrato, de matrículas, de vacunación, pero no olvidó acusar a su rival de embrutecer la Cámara, lanzar insidias y manchar las instituciones...

Con Ciudadanos, como de costumbre, el intercambio fue de guante blanco. Preguntaba su portavoz adjunto sobre el Comercio en Andalucía. Díaz no se sabía el apellido de su interlocutor, y quedó un poco altiva: "¿Cómo se llama, Rodríguez? Ah, Romero...". Y Maíllo (IU) le preguntó por las medidas que piensa tomar para acabar con los campamentos de cartón y plástico de los inmigrantes temporeros agrícolas. Parecía que no habría gresca, pero al final la hubo. Él la acusó de desgana y desidia. Dijo que su inacción la incapacita. Que le aburre la política regional. Y ella, sin más, le reprochó que haya adquirido la demagogia ramplona de su nuevo jefe de filas.

Díaz estuvo menos dominadora de lo que suele. Cabe pensar que está preocupada por las primarias y el debate del lunes. Pero además, ayer estuvo mejor Moreno. Quizá porque esté más versado en malagueñas, con o sin orquesta.

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