Andalucía

Siempre nos quedará GROENLANDIA

  • En 1985, la gran isla entre el Atlántico y el Ártico dejó la comunidad europea pero Dinamarca, a la que pertenece, se quedó Gibraltar explora el caso para aprovecharlo

4.372 kilómetros de mar Atlántico separan a Gibraltar de Nuuk y, sin embargo, es allí, en Groenlandia, donde los gibraltareños han encontrado una posible solución al grave problema que, de repente, amenaza su modo de vida: el Brexit.

La consulta del pasado 23-J arrojó dos evidencias incuestionables. La primera, que el 51,9% de los británicos no desean continuar en la Unión Europea. La segunda, que el 95,9% de los gibraltareños opinan justo lo contrario. El dilema ahora es, por tanto, cómo cumplir con la voluntad de los ciudadanos de Reino Unido pero sin dejar de hacerlo también con los de Gibraltar, sin que estos tengan que sacrificar la soberanía británica que tanto les enorgullece. Es decir, cómo es posible conseguir que el Reino Unido deje el club de los 28 y Gibraltar no. O al menos, no del todo. Porque ésa es la clave. El Peñón no puede permitirse prescindir del beneficio que le otorga el acceso al mercado único y mucho menos al libre tránsito de personas, así como de capitales y servicios y la libertad de establecimiento de las empresas. En eso fundamenta su economía (la tercera mayor renta per capita del mundo, que no se olvide) y es eso lo que está en peligro ahora.

El pasado miércoles, a su regreso de su primer viaje a Londres tras la consulta, el ministro principal de la Roca, Fabian Picardo, explicó al Parlamento: "Estábamos preparando nuestros argumentos basados en el caso de Groenlandia". ¿A qué se refería Picardo? En realidad es muy sencillo. Antes que el Brexit existió el Groexit. La isla más grande del mundo -geográficamente en el continente americano- es una región autónoma perteneciente al Reino de Dinamarca y que, como tal, se sumó a la entonces denominada Comunidad Económica Europea en 1973. Lo hizo en contra de su voluntad, porque entonces no tenía estatuto de autonomía, que no entró en vigor hasta mayo de 1979. El caso es que lo que mal empieza, mal acaba y los groenlandeses, la mayor parte esquimales, reprochaban a la CEE con insistencia su falta de sensibilidad para comprender los problemas específicos de un pueblo dedicado fundamentalmente a la pesca y a la caza al que no le hacía gracia que su pescado fuera capturado por los barcos de la República Federal de Alemania de forma gratuita, y cómo la legislación de la Comunidad Económica Europea comenzaba a reglamentar restrictivamente la venta de productos procedentes de focas o de ballenas. Intentaron convencerlos explicándoles los beneficios de pertenecer al grupo, pero de nada sirvió. Tres años después de haber obtenido la autonomía los groenlandeses prefirieron respaldar la propuesta del partido nacionalista y organizar directamente su vida económica al margen de Bruselas.

La cuestión es que, en febrero de 1982, Groenlandia votó a favor de convertirse en el primer territorio en abandonar la CEE. Un 52% dijo sí al Groexit, que ya vieron con buenos ojos en Grecia y, ¿adividinan?, efectivamente, en el Reino Unido. Varios diputados laboristas británicos enviaron un telegrama de felicitación al pueblo groenlandés por su "sabia decisión": "Nuestro partido", afirmaban, "seguirá con interés el trámite que ustedes siguen para retirarse de la Comunidad Económica Europea".

Desde el 1 de enero de 1985, Groenlandia gozó de la categoría de territorio de ultramar asociado a la Comunidad Europea. Las negociaciones para la desconexión duraron dos años y finalmente arrojaron que la CEE disponía de unas cuotas de pesca (23.500 toneladas anuales de merluza) en aguas groenlandesas. A cambio, Groenlandia recibirá una ayuda de 22,5 millones de dólares anuales durante al menos una década. Los productos de pesca groenlandeses seguirían teniendo completo acceso, sin trabas, al Mercado Común. Groenlandia había dejado el club europeo sin secesión. Es decir, y eso es lo que más interesa en Gibraltar, existe un precedente de un territorio que dejó la UE (entonces no se llamaba así) pese a su vinculación con otro mayor (Dinamarca) que seguía dentro. El mecanismo era una disposición en los tratados que rezaba: "Este tratado no se aplica en Groenlandia".

La cuestión es que todo esto sucedió cuando no había disposiciones previstas para la separación de un estado miembro, algo que no sucedió hasta el Tratado de Lisboa de 2007. El famoso artículo 50. Cómo puede aprovechar este antecedente Gibraltar -y Escocia, que también está en ello- para escapar del problema del Brexit es algo que está por ver. Tanto es así que el Peñón y los escoceses crearán un comité técnico para adquirir "una mayor comprensión del precedente". Hay dos cuestiones que dan motivo a la esperanza. Una que Gibraltar es británico, pero no pertenece como tal a Reino Unido. Otra se basa en el artículo 47 de la Constitución de Gibraltar, que dispone: "Sin perjuicio de la responsabilidad que incumbe al Reino Unido del cumplimiento por parte de Gibraltar de la normativa de la Unión Europea, los asuntos que en virtud de esta Constitución sean responsabilidad de los ministros no podrán dejar de serlo, a pesar de que surjan en el contexto de la Unión Europea". "Dado el precedente establecido por Dinamarca y Groenlandia, es perfectamente factible que una parte de un Estado miembro permanezca en la UE y que la otra opte por la salida. En el contexto del Reino Unido esto podría significar que el Reino Unido permanezca en la Unión, pero que sus partes constituyentes se redefinan como Escocia, Gibraltar, Londres y cualquier otra región que votó por la permanencia. En este caso, Gibraltar no tendría que optar por la salida y no tendría que negociar las condiciones de una nueva relación con la UE, puesto que éstas no cambiarían", explica el Gobierno de Gibraltar.

Esto es, el Peñón necesita labrarse un camino desde su posición para continuar vinculada a la UE sin dejar de ser británico. La tarea es ardua, pero hay una puerta a la esperanza. Y está en Groenlandia.

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