Cómics

La traca final...

  • Jonathan Hickman retoma el concepto del primer gran evento de Marvel, 'Secret wars', y treinta años después lo lleva al colofón de su obra

Una imagen de la obra. Una imagen de la obra.

Una imagen de la obra.

Las Secret Wars originales fueron una serie limitada de doce números publicada por Marvel en 1984 (el primero tenía fecha de cubierta de mayo y vio la luz a finales de enero). La escribió el director editorial de la compañía, Jim Shooter, la dibujó Mike Zeck (con tintas, principalmente, de John Beatty) y está considerada el primer evento del género de superhéroes, o sea, la primera serie cerrada que implica y afecta al conjunto de cabeceras de una editorial (o el segundo, si tenemos en cuenta el precedente inmediato Contest of Champions, también de Marvel, pero de mucho menor calado). Fue un producto mediocre, desde el punto de vista artístico (no puede ni compararse a Crisis en Tierras Infinitas, el coetáneo en DC), pero muy exitoso desde el punto de vista comercial, acompañado como estuvo de toda una línea de juguetes producidos por Mattel.

La premisa argumental es bastante pedestre: una entidad cósmica conocida como el Todopoderoso (Beyonder en inglés) abduce a un grupo de héroes y villanos y los pone a darse de hostias en un planeta creado para la ocasión, de nombre oficial Battleworld o mundo de batalla. ¿Por qué? Porque el tal ser lleva un tiempo observando la Tierra, está fascinado con los superhéroes y quiere estudiarlos más en detalle. Bueno, eso y para vender cuantos más tebeos mejor, obviamente.

En España, comenzó a publicarse en junio de 1985, y todavía recuerdo la excitación que sentí, con trece años largos, al ver juntos en la misma portada a Spiderman, Hulk, los 4 Fantásticos, los Vengadores y la Patrulla-X, algo poco corriente en aquellos días. También recuerdo que me decepcionó muchísimo y que terminé de comprar la serie por inercia.

Sea como sea, la marca Secret Wars se quedó impresa en el ADN de Marvel (no tanto como la palabra Crisis en DC, pero por ahí anda), y cuando Jonathan Hickman decidió resucitarla treinta años más tarde (porque Brian Michael Bendis había escrito una Secret War en 2004, pero ya ven que sin la s final no es lo mismo), los malos recuerdos se habían apagado y quedaba solo esa sonrisa tierna con que rememoramos aquello que un día nos hizo ilusión.

Para aquel entonces, esto de los eventos ya no era una novedad, sino el pan nuestro de cada día, una herramienta periódica para alterar el statu quo de los universos Marvel y DC (y seguir haciendo caja, que, a fin de cuentas, esto es un negocio). Pero Hickman, siendo Hickman, no se limitó a repetir la premisa argumental, la de unos héroes y villanos guerreando en un planeta extraño (y con el Doctor Muerte jugando un papel central, como ya saben los iniciados), sino que aprovechó para hilar una extensa trama narrativa que había ido cosiendo previamente por todas partes, o sea, que hizo un crossover tamaño gigante, especialmente pensado para los lectores más fieles, los que llevaban años siguiéndolo desde su paso por Los 4 Fantásticos. De este modo, sus Secret Wars no fueron solo un homenaje al primer evento de Marvel, sino el culmen de su propia forma de entender el género de superhéroes.

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