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La salud es lo primero

  • 'Amor y gimnasia'. Edmondo de Amicis. Trad. Paloma Alonso Alberti. Ilustraciones Manuel Alcorlo. Rey Lear. Madrid, 2012. 176 páginas. 18,50 euros.

Traumatizados para siempre por el mono Amedio y su joven compañero de correrías, los niños de los 70 no sabíamos entonces quién era Edmondo de Amicis, pero la inefable versión nipona de las aventuras de Marco -interpoladas en la novela Corazón (1886)- tampoco era el mejor aliciente para emprender pesquisas ulteriores. Autor de libros de viajes por España, París, Londres o Constantinopla, el italiano debe gran parte de su celebridad a la exitosa novela mencionada, aunque de hecho cultivó otros registros como la pedagogía militar, los artículos sobre cuestiones sociales o educativas y -bastante más insospechadamente- una forma de humor muy alejada de su habitualmoralismo.

Publicada originalmente en 1892, Amor y gimnasia fue rescatada del olvido por Italo Calvino, que además de publicarla en Einaudi defendió la novela como la más divertida, sensual y maliciosa que había escrito De Amicis. La estupenda edición de Rey Lear, con traducción y prólogo de Paloma Alonso Alberti e ilustraciones de Manuel Alcorlo, presenta por primera vez entre nosotros la deliciosa historia -Turín, finales del XIX- de don Celzani y la exuberante maestra de gimnasia, señorita Pedani, una atlética joven que levanta pasiones en el vecindario con su ingenua pero decidida exhibición de vitalidad. Aunque parezca mentira, ahora que las prescripciones de los publicistas han tomado la orientación contraria, durante bastante tiempo la "gimnástica" fue considerada, tratándose de mujeres, una actividad obscena, indecente, pecaminosa e impropia. En ese disparatado contexto debe situarse un relato irónico que no deja de ser pedagógico, sólo que De Amicis renunció por una vez a la conseja bienintencionada para intentar, con excelentes resultados, la comedia de costumbres. Con inevitable melancolía imaginamos, los que sobrevivimos a las lacrimógenas desventuras del pequeño emigrante, cuánto más felices habríamos sido en la recia compañía de la señorita Pedani.

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