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Recta final entre la pesadilla y el 'hexa'

El Mundial de Brasil 2014 entró ayer acelerando en su recta final y con opciones extremas: hay un temor cierto a una pesadilla futbolera y organizativa, pero también el sueño de todo un país de que llegará el hexa en casa para exorcizar definitivamente el fantasma del Maracanazo.

A 100 días exactos del partido inaugural entre Brasil y Croacia en Sao Paulo, los organizadores del Mundial demostraron que habrá emoción hasta el último instante, resignados a admitir las importantes demoras en las obras de estadios e infraestructura.

"Estar preparados significa saber que tenemos mucho por hacer", dijo el viceministro brasileño de Deportes, Luiz Fernandes, durante una rueda de prensa en Madrid en la que intentó explicar por qué todo es tan complejo en su país. "Brasil tiene el tamaño de Europa occidental", enfatizó. "Tenemos enormes distancias entre las ciudades sede".

A Cacau, un ex futbolista nacido en Brasil que llegó a vestir la camiseta alemana y dice sentirse ya más germano que brasileño, las explicaciones del Gobierno de Dilma Rousseff no lo convencen. "El Gobierno prometió en su momento que los estadios no se construirían con dinero de los contribuyentes, sino con financiación privada. Es algo que no se cumplió", criticó en una entrevista publicada por el Frankfurter Rundschau.

El Mundial de Brasil, cuya final se jugará el 13 de julio en el mítico estadio Maracaná, es un desafío logístico de grandes proporciones, con 12 sedes que se extienden desde el calor agobiante de la Amazonia y el nordeste hasta el frío invernal en Porto Alegre o Curitiba.

Fernandes cree que su país hizo lo correcto al decidir llevar el Mundial a 12 ciudades, el máximo permitido por la FIFA, aunque en los meses previos al torneo se trabaje día y noche para compensar años de retrasos en las obras prometidas.

Sólo ocho de los 12 estadios están listos, y uno de ellos, el de Curitiba, estará recién terminado menos de un mes antes del inicio, según la más reciente previsión del secretario general de la FIFA, Jerome Valcke, aunque Fernandes habló ayer de "finales de abril".

Críticos del Mundial señalan en Brasil que las prisas de las últimas semanas están entre las posibles causas de las seis muertes de obreros registradas desde que se inició la construcción o reforma de los 12 estadios mundialistas, que deberían haber sido entregados el 31 de diciembre de 2013.

Fernandes defendió la decisión de organizar un Mundial con tantas sedes: "El Gobierno estuvo a favor de que fueran 12, creímos que era una oportunidad histórica para desarrollar todo el territorio del país". El fútbol es en Brasil mucho más que un deporte, añadió. "Brasil espera sorprender y encantar al mundo con su cultura vibrante, marcada por una identidad nacional que el fútbol ayudó a construir. En Europa la identidad nacional se construyó a través de las guerras, en Brasil esa función la cumplió el fútbol. Espero que el Mundial muestre a Brasil con su nueva posición en el mundo".

Más allá del peso geoestratégico de Brasil, lo que los seguidores de la canarinha desean es ver al equipo de Scolari ganando el hexacampeonato. La victoria sería un sueño. La derrota, si se diera en una final ante la Argentina de Messi, una pesadilla, y así lo reconocía el ex internacional Edmilson durante la presentación en Madrid.

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