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El instigador del 'Big Four'

Su voz en las ruedas de prensa es relajada y suave, pero es que donde mejor habla Stanislas Wawrinka es en una pista de tenis. Ahí se transforma y sus golpes gritan.

Hoy será la arcilla de la Philippe Chatrier la que lo escuche. La lógica dice que al otro lado de la red está el gran favorito, un Novak Djokovic en estado de máxima inspiración. Sin embargo, en Wawrinka todo escapa un poco a la razón.

"Está bien que en la primera pregunta nombres a Roger", dijo, molesto, nada más comenzar la rueda de prensa posterior a su victoria frente a Jo-Wilfried Tsonga en semifinales. El periodista le dijo que tenía la oportunidad de igualar a su compatriota en número de Roland Garros.

No le sentó bien a Wawrinka, que ha vivido toda su carrera a la enorme sombra de Federer. No obstante, éste le debe en gran medida la conquista de la Copa Davis en 2014. En cuartos, Wawrinka tumbó a Federer después de tres sets de auténtico espectáculo.

Era su tercera victoria frente al ganador de 17 Gran Slam en las 19 veces que se han visto las caras. Ante Djokovic perdió 17 de 20 partidos. Con Rafael Nadal acumula 12 derrotas y dos victorias y con Andy Murray todo se iguala más: 8-6 a favor del británico.

En total, ante los miembros del Big Four, los grandes dominadores del tenis en la última década, la cifra es de 14 triunfos por 53 derrotas. Pero el número esconde algo: si hay un tenista capaz de luchar de tú a tú con los favoritos y de desquiciarlos, ése es Wawrinka.

Dueño de un revés a una mano tan bello como letal, el helvético no mueve masas. Y su pantalón a rombos rojos y blancos y su camiseta, alguna talla más grande de lo que recomendaría un modisto, tampoco levantan pasiones. Pero es un hombre tranquilo. Sobre todo después de ganar la final el Abierto de Australia 2014.

"El hecho de haber ganado antes un Grand Slam me hace estar más calmado. Incluso aunque esté nervioso, estoy más tranquilo. Sé lo que tengo que hacer para tener la oportunidad de ganar", comentó el pupilo de Magnus Norman.

El triunfo en Australia fue una liberación para el hombre que luce un tatuaje con la frase "Siempre lo intentaste. Siempre fallaste. No importa. Inténtalo otra vez. Falla de nuevo. Falla mejor" en el brazo izquierdo.

Como anécdota, cabe destacar que Wawrinka ya sabe lo que es ganar en la arcilla de París. Lo hizo en el Roland Garros júnior de 2003. "Recuerdo todo, recuerdo mi primer partido en la pista 7 cuando yo era uno de los favoritos y perdí el primer set. Me dije que no iba a perder en primera ronda", comentó. "Mi sueño entonces era jugar Roland Garros, no ganarlo ni alcanzar la final".

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