Festival de Jerez

Intimismo en tiempos de crisis

  • El Festival consume otra edición colmado de público y preservando el nivel de Villamarta · La tenue bajada en la oferta de otros ciclos y un cierto descenso de calidad contrastan con aciertos mayúsculos como 'Toca toque'

Poveda le canta por soleá a la Yerbabuena mientras arrecia la lluvia de sensaciones que propuso la granadina; un beso a contraluz de Peña y Ogalla tras la vidalita y milonga de Cádiz de la frontera; Matilde Coral abre sus brazos generosa, inmensa, mientras dedica su braceo bordado a Angelita Gómez en la secuencia final de Tórtola Valencia; el bis de María Pagés en Autorretrato, transfigurada en un mantón que la sevillana domina como nadie; el divertido número del banco mientras canta Mary Santpere en ese homenaje al tiempo que fue Oro viejo, de Rocío Molina; los eléctricos caracoles de Mercedes Ruiz, una carrera meteórica plagada de pequeños grandes secretos de arte... Sin lugar a dudas, ha habido grandes momentos para el recuerdo, para almacenar en las retinas por siempre, en la decimotercera edición del Festival de Jerez, recién finalizada con el broche de oro que supuso el magno homenaje a Mario Maya en Villamarta, el pasado sábado.

También ha habido francas decepciones -léanse, principalmente, La Moneta, Inspiración y Carmen Cortés-, aunque en líneas generales, la nota final del programa oficial de esta nueva edición de la muestra jerezana de baile flamenco y danza española ha alcanzado el notable alto. Pese al descenso generalizado de la calidad de las propuestas que han llegado a los escenarios periféricos, con la excepción del acertado ciclo 'Toca toque', el principal escenario del certamen, el Villamarta, ha mantenido el listón e incluso ha superado lo visto y vivido en pasadas ediciones. Todo a base de minimalismo escénico, intimismo y producciones con un marcado acento introspectivo.

El alcalareño Javier Barón, último Premio Nacional de Danza, se desnudó para bailar sin artificios, sólo cante y toque; María Pagés se autoanalizó en escena muy lejos de la parafernalia de sus grandes montajes; la esencia, o sus particulares conceptos de esencia, también estuvo presente en la obra de, entre otros, Mercedes Ruiz, Yerbabuena y Flamenco se escribe con jota, quizá, esto último, lo más singular de la muestra por aunar folclore y flamenco de forma atinada y con el virtuosismo de la danza y los palillos en manos de Miguel Ángel Berna.

Con mayoría femenina en la totalidad de montajes, el ciclo Los Conciertos de Palacio acaparó este año especial atención, ya que entre sus participantes aparecían cuatro mujeres guitarristas: Celia Morales, Antonia Jiménez, Laura González y Mercedes Luján. La mayoría de ellas raspó al menos el suficiente en su puesta de largo, si bien en algunos casos, como la portuense Antonia Jiménez o la cordobesa Laura González pasaron con notoriedad y dando muestras de una madurez artística importante.

Villavicencio examinó también el nivel cantaor femenino, en ocasiones con voces consolidadas como Rocío Márquez y María José Pérez y en otras como jóvenes promesas jerezanas que han comenzado a pedir un sitio en el panorama artístico como Macarena de Jerez, Tamara Tañé, Anabel Rosado, Sara Salado, Eva de Rubichi y Marga de Jerez, unas con mayor acierto que otras pero todas con una voluntad de hierro.

Los altibajos de nivel se dieron cita en la Sala Compañía, un lugar en el que se han podido ver propuestas de muchísimo potencial y futuro, como las del bailaor alcalareño David Pérez, Pastora Galván, la gaditana María José Franco, Concha Jareño o la vuelta a los escenarios del gran maestro José Galván, y momentos de una intensidad algo reprochable. Es más, ni tan siquiera pasaron el corte mínimo exigido, como fueron Concha Vargas o Carmen Iniesta.

En cambio, la cream de la cream se ha vivido en Los Apóstoles. La bodega de González Byass ha albergado este año a uno de los mejores ciclos de esta edición del Festival, 'Toca Toque'. Pese a la ausencia de Niño Josele, que a última hora no alcanzó un acuerdo con la Fundación, el grueso de tocaores que han pasado por el escenario han sido de primer nivel.

Moraíto, Gerardo Núñez, José Luis Rodríguez, Juan Antonio Suárez Cano, Tomatito y Javier Patino han dado la nota de sonidos a un ciclo en el que se ha podido ver de todo, desde la ruptura de estereotipos propuesta por el catalán Suárez Cano, hasta los ritmos más internacionales, de jazz o blues, que salieron de las guitarras de Gerardo Núñez, Tomatito y Pepe Habichuela hasta el surgimiento de una nueva estrella en el firmamento de los artistas, la del jerezano Javier Patino, que con su último disco, 'Media Vida', logró momentos muy emotivos.

Por último, no hay que pasar por alto las Jornadas Técnicas sobre Mario Maya, cuyos contenidos formativos han alcanzado grandes cotas. Su único lunar ha sido la escasa afluencia de público asistente, una asignatura pendiente para la que ya trabaja la propia Fundación.

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