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“Jerez ha sufrido epidemias con grados de mortandad escalofriantes”

  • Entrevista de Marco A. Velo con Eugenio Vega Geán, académico, profesor y licenciado en Historia

“Jerez ha sufrido epidemias con grados de mortandad escalofriantes” “Jerez ha sufrido epidemias con grados de mortandad escalofriantes”

“Jerez ha sufrido epidemias con grados de mortandad escalofriantes”

¿Cree que esta pandemia va a perjudicar en demasía el curso académico de los alumnos/estudiantes de toda España o no tanto?

Soy profesor de 4º de Secundaria y tutor de 2º de Bachillerato, y tengo una lógica inquietud por estos alumnos finalistas. Y si bien las circunstancias nos están obligando a innovar y a utilizar la telemática, cono panacea, soy firme defensor del papel trascendental del profesor presencial, que no lo suple nada.

Desde el punto de vista sociológico, ¿qué enseñanzas nos está reportando está pandemia del coronavirus?

Cuando el hombre se cree Dios, llega esta enfermedad inesperada y pone todo patas arriba en una dimensión tan colosal como es el que habitemos el planeta los más de seis mil millones de personas. Especialmente las sociedades desarrolladas viven un bienestar que considerábamos intocable y consolidado, y sin embargo unas pocas semanas han bastado para derribarlo como un castillo de naipes. Al principio de esta crisis aún se levantaban barreras emocionales de defensa de este falso bienestar, como aquellas voces que decían que era una enfermedad que sólo mataba viejos…

En su condición de Licenciado en Historia, ¿qué datos curiosos nos puede referir sobre antiguas pandemias que hayan afectado a nuestra ciudad?

Jerez, como ciudad nacida en un mundo antiguo, ha sufrido muchas epidemias con grados de mortandad escalofriantes. Los sesgados datos que tenemos nos hablan de varios cientos de muertos en las populosas ciudades del hinterland sevillano durante cualquier epidemia, tanto en épocas medievales como modernas y contemporáneas.

Todos tenemos en la mente la epidemia de peste bubónica de mediados del XIV, que golpeó con mucha fuerza, pero hubo otras similares que fueron terroríficas: las bubas o el tabardillo nos visitaban cíclicamente durante todo el XVI, XVII o XVIII, sólo en el primero de estos siglos mencionados hubo más de diez brotes, por lo que cada década nos encontramos con epidemias que castigaban poblaciones con escasa esperanza de vida y alta mortalidad infantil. Hay dos relatos jerezanos sugerentes que cuentan estas tragedias en épocas de epidemias: el relato de Juan Daza de 1518, y el del autor anónimo del Manuscrito Riquelme, en el que da cuenta del macabro progreso de la fiebre amarilla en el año 1800.

¿Las pandemias son cíclicas a lo largo de la Historia universal o al menos nacional?

Claro que son cíclicas y las que han afectado al mundo y a la nación también han afectado a Jerez. Porque la globalización no es algo de ayer, sino que existe desde que el hombre es hombre e intentar interactuar con el entorno. Hemos hablado de bubas, tabardillo o fiebre amarilla, todas pandemias universales que unían tierras y océanos en esta macabra danza.

No nos olvidemos de la gripe, el vómito negro o el cólera. No es extraño que el autor del Apocalipsis viera  a la peste segando vidas desde un veloz caballo, ya que no entendía de alcurnia o armaduras, y a menudo venía precedida o acompañada de desastres climáticos o conflictos bélicos. Pericles o Marco Aurelio murieron en sendas epidemias, también lo hicieron Alfonso XI o Martínez Montañés, que fue una de las 60.000 víctimas que dejó en Sevilla la pandemia del año 1649.

¿Qué desearía añadir?

Todo está en la Historia, y aprendiendo de ella podemos afrontar el presente y el futuro con datos contrastados. Entonces, igual que hoy, una epidemia tenía muchos tentáculos: la crisis psicológica, más intimista; la crisis médica, más técnica, y  las desalmadas hermanas  gemelas: las crisis sociopolítica y económica. De todos depende que tras este terremoto vivamos unos felices años veinte (como tras la última epidemia de gripe española de 1918, pero con una felicidad más consolidada), o una suicida decadencia moral.