Entrevista

José María Segura, licenciado en filología Árabe: “Qatar es un país que reconoce tus méritos profesionales”

  • Este jerezano lleva 6 años en Qatar como especialista en digitalización de la Biblioteca Nacional del país, donde se conservan más de un millón de libros

José María Segura posando en la sala principal de la Biblioteca Nacional de Qatar.

José María Segura posando en la sala principal de la Biblioteca Nacional de Qatar.

—¿Cómo y en qué circunstancias llega a Qatar para asumir este trabajo?

—Llegué a Qatar empujado por la anterior crisis, ante la imposibilidad de encontrar trabajo en Madrid, donde residía. Conseguí este puesto tras mandarles mi currículo y pasar un proceso de selección.

—¿Fue una oportunidad o una decisión a la desesperada?—Pues yo diría que fue una magnífica oportunidad sobrevenida en un momento de desesperación.

—¿Es vocacional su elección por la filología árabe?, que reconocerá no es nada común. —Es vocacional, aunque tardía, pues no me decidí a especializarme en ella hasta segundo de carrera. La escogí porque me cautivó la belleza de la lengua árabe clásica, y porque de joven siempre me gustaba ir un poco a contracorriente… En mi promoción fuimos apenas 10 alumnos.

—La biblioteca cuenta con más de un millón de ejemplares. ¿Hay un gran interés por la bibliografía y la archivística ? ¿Es un país culto?

—Creo que se debe tener presente que Qatar, hace menos de cien años, era una región de tribus nómadas cuya principal actividad económica era la recolección de perlas en el Golfo, pero todo ello cambió desde que se descubrió petróleo en 1939. En los últimos 30 años, Qatar ha sufrido una transformación radical, realizando grandes inversiones para evolucionar desde un país económicamente dependiente de los hidrocarburos, hacia un país que fomenta la educación y la investigación científica como fuente de riqueza y, por supuesto, a la organización de grandes eventos internacionales deportivos. Education City, surgida al amparo de Qatar Foundation, es la sede de varias de la universidades más prestigiosas del mundo, además de serlo de la propia biblioteca.

—¿Hasta qué punto es cierto que por allí nadan en la abundancia y que los sueldos son excelentes?—No puede negarse que es bastante fácil encontrar coches de lujo por doquier. Qatar es un país rico, y eso se nota paseando por algunos de sus distritos. Su población autóctona disfruta de numerosos privilegios por el mero hecho de serlo. Los sueldos son más elevados que en España, y ello te permite vivir holgadamente, pero también es cierto que el nivel de vida es mucho más alto.

—Lleva seis años en la QNL (Qatar National Library). En 2017 se abrió el edificio diseñado por el holandés Rem Koolhaas. ¿Cómo evalúa este tiempo allí? ¿Tiene fijado un límite para volver?—Mi experiencia está siendo muy enriquecedora en lo profesional, porque este país reconoce tus méritos. Además, trabajo con compañeros de diversas nacionalidades, de los cuales he aprendido muchísimo. Ello me ha permitido conocer diferentes formas de entender la vida, lo cual te conduce a ser más tolerante, expandiendo tu concepción del mundo más allá de las fronteras de tu barrio, de tu ciudad o de tu nación. Por otro lado, todos los que vivimos aquí sabemos que Qatar es un sitio de paso, del que tarde o temprano nos marcharemos, pero al menos no me gustaría hacerlo antes del Mundial de 2022… Lo que no puedo asegurar es si volvería a España.

—¿Cómo es su vida en una sociedad tan diferente a la nuestra? ¿Ha sido difícil la adaptación siendo un emirato absolutista en el que rige la doctrina islámica más puritana?—Llevo una vida muy normal; trabajo de domingo a jueves (son los días laborables), y los fines de semana solemos hacer planes con los amigos. Qatar está muy enfocado a la vida familiar, y hay muchos parques y centros comerciales a los que ir; también puedes hacer una escapada al desierto o a alguna de las playas que hay en los meses templados (de noviembre a abril). La seguridad es muy alta, y la delincuencia es prácticamente testimonial. Los meses iniciales de aclimatación (durante seis meses al año, rara vez el termómetro baja de los 30 grados) fueron bastantes duros tanto para mi pareja como para mí, y el choque cultural con Occidente también fue grande. Tras ellos, poco a poco te vas integrando en la sociedad, sus normas, sus costumbres… y, al final, aquello que antes te impactaba, terminas viéndolo normal. Si bien es cierto que la religión está muy presente, con numerosas mezquitas, tampoco se trata de un país que prohiba demasiadas cosas a su población fuera del mes de Ramadán, como sí ocurre en otros países de la zona. Sinceramente, creo que hay más posibilidades de encontrarse con alguna manifestación religiosa cualquier día del año en Jerez que aquí en Doha.

—Los jerezanos en Qatar, ¿mantenéis algún contacto?—No mantengo contacto con ningún otro jerezano en particular, pero sí puedo afirmar que la colonia española está muy cohesionada. Existen grupos en redes sociales donde tratamos de echarnos un cable, e incluso formo parte de una Peña Bética que cada fin de semana se reúne en algún bar para ver los partidos. De hecho, he encontrado grandes amigos españoles aquí, con los que mantengo lazos casi familiares. La necesidad de encontrar nuevas amistades une mucho en la distancia.

—¿Qué fecha o fechas no se pierde de estar en Jerez? —Un mes de verano es obligatorio. En Navidad, Semana Santa y feria nos gustaría poder estar más veces, pero son siempre fechas más complicadas por el trabajo.

—¿Qué más echa de menos de su tierra?—Además de lo obvio, los días de lluvia, la luz de Jerez, el aire puro de Grazalema, esos atardeceres en Conil, el buen comercio y bebercio - como diría mi compadre -… Y una taza de caracoles; eso, siempre.

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