Patrimonio

Paz Barbero, el tiempo en sus manos

  • La investigadora viaja a México para hablar de la restauración del cristo de caña de Santo Domingo y de sus trabajos con Salzillo

  • Prepara ahora un grupo escultórico de la Sierra de Cádiz que traerá "sorpresas"

Paz Barbero, durante una de sus conferencias semanas atrás en México. Paz Barbero, durante una de sus conferencias semanas atrás en México.

Paz Barbero, durante una de sus conferencias semanas atrás en México.

Si hay algo que Paz Barbero trata con pasión es el paso del tiempo. Respetarlo, no borrarlo, es para ella fundamental, clave incluso para que ese tiempo se prolongue... en el tiempo. Su padre, el conocido escultor y restaurador José Barbero Gor, era uno de los pioneros del Instituto Central de Restauración de Madrid. Él le enseñó que al trabajo no hay que darle la espalda. Una restauración tiene muchas puntadas, imprevistos y no hay que tenerle miedo.

Por las manos de Paz pasan piezas de primera fila, de museos, no hay ninguna igual en tratamiento y conservación. Ante estas obras está horas y horas. “El restaurador perpetúa o frena la vida artística de una obra dependiendo de su buena o mala intervención. Hay que saberlo hacer. Se crea un vínculo entre el autor, la pieza y el restaurador porque su creador y yo somos los que más horas hemos estado delante de ella. Llegas a respirar ese aire que él respiró”, cuenta.

Afincada entre Jerez y Arcos, donde tiene sendos estudios, lleva más de 30 años en el mundo de la restauración. Ahora, acaba de regresar de México donde ha sido invitada para ofrecer dos conferencias. Por un lado, una primera dedicada a la restauración hace un año en Jerez del Cristo de la Salud de Santo Domingo. Un cristo del siglo XVI cuya importancia radica, no sólo en su antigüedad, sino en la técnica de ejecución, “porque en vez de en madera, está realizado con pasta de caña de maíz. Se conservan muy pocos por la fragilidad del material. Una técnica que empleaban en las Indias para hacer sus ídolos, santos y demás”, explica. “La adoptaron los franciscanos y dominicos, ya que la veían como algo muy práctico porque es ligera de transportar. A los indígenas se les enseña nuestra imaginería para que aplicaran dicha técnica”.

Con ella colaboró entonces Pablo Francisco Amador Marrero, del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México, que quedó prendado de toda su labor, sobre todo, de la obra que tiene Barbero sobre Francisco Salzillo, que es inédita. Un gran maestro, de Murcia, el último escultor del Barroco, de padre napolitano, e inspiración de muchos artistas. Barbero se ha encargado de restaurar toda la obra de Salzillo en su Museo de Murcia, así como un Belén napolitano de más de 500 figuras. Sobre toda esta labor consistió la segunda conferencia.

Barbero, en plena restauración del Cristo de la Salud de Santo Domingo, en agosto de 2017. Barbero, en plena restauración del Cristo de la Salud de Santo Domingo, en agosto de 2017.

Barbero, en plena restauración del Cristo de la Salud de Santo Domingo, en agosto de 2017. / Vanesa Lobo (Jerez)

A través de Amador fue invitada a ofrecer estas dos charlas, una en un Seminario de Escultura del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México en Ciudad de México; y en Puebla (Patrimonio Cultural de la Humanidad), en la Universidad de las Américas para arquitectos e historiadores y a la Escuela Taller de Restauración y Conservación dentro del ciclo Dialogarte organizado por la Dirección de Patrimonio Cultural del Gobierno del estado de Puebla a través del Proyecto de la Escuela Taller.

“La verdad es que estaban entusiasmados porque en México están muy unidos a nosotros, sobre todo, por su patrimonio, que es mucho, y mucho lo que hicimos allí, y lo respetan. Así que se crea un vínculo muy especial. De hecho, el cristo de caña viene de una mezcla de técnicas nuestras y de ellos. Les gustó sobre todo por lo que aporta la restauración a la investigación de una obra de arte ya no sólo por el resultado final, sino por la documentación que aporta esa misma obra. Hay que trabajar todos en equipo por el bien de una pieza”, cuenta Barbero, que agradece la invitación a María Teresa Cordero Arce, directora de Patrimonio Cultural de Puebla, y a Francisco Vázquez Ramírez, rector de la Basílica Catedral de Puebla.

Respecto a Salzillo, descubrió técnicas desconocidas hasta el momento que allí están deseando poner ya en práctica. Técnicas como el grafito bruñido, que utilizaba Salzillo para sus armaduras, que era un maestro de la talla. Un descubrimiento que hizo Barbero en su día desmintiendo así las teorías que hablaban de que Salzillo usaba mucha tela encolada y no es así.

La restaurado no ha publicado nada hasta la fecha sobre dicho material con Salzillo, aunque ya le han propuesto que haga una tesis sobre dichas técnicas descubiertas, que han sido muy poco o nada investigadas. Hay incluso analítica que nadie tiene.“Y todo esto hay que sacarlo y ya lo estoy recopilando”.

Diez días intensos en México que la autora ha aprovechado para recorrer museos, iglesias, universidades, capillas..., “que son auténticas joyas”. “He aprendido mucho yo también. Además de las charlas que hemos dado, pues hablar con investigadores te enriquece mucho, se comparten conocimientos, formas de trabajar, algo que ellos hacen muy bien porque tienen técnicas muy buenas. El aprendizaje ha sido mutuo”.

Barbero critica que ese diálogo que allí se genera para intercambiar conocimientos y evitar repetir errores en el patrimonio y la restauración, “lo echo de menos aquí. Se siguen haciendo destrucciones de obras respaldadas por títulos”. Asegura que Jerez “está muy necesitada de buenas restauraciones, como el conjunto del interior del convento de Madre Dios, donde también hay un cristo de caña que es una joya que no se debería dejar pasar. Y tantísimas cosas en cualquier iglesia de Jerez. El patrimonio es un legado que debemos perpetuar y cuidar”. Un afirmación que respalda su marido, el pintor y catedrático Manuel Ruiz Ortega.

Barbero está ahora mismo trabajando en la restauración de un grupo de más de una treintena de esculturas de tesoros de la Sierra de Cádiz de Algodonales, La Muela y Zahara de la Sierra, “unas joyas escultóricas que saldrán a la luz y habrá alguna que otra sorpresa”, confiesa la autora. Un trabajo conjunto con los historiadores jerezanos Javier E. Jiménez López de Eguileta y José Manuel Moreno Arana.

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