Jerez

El crimen de la calle Fate llega por fin a juicio nueve años después

  • El acusado estuvo fugado de la Justicia desde 2009 a 2016 y tuvo que ser detenido por el GEO

Imagen de la calle Fate, donde acaecieron los hechos que se juzgarán este lunes. Imagen de la calle Fate, donde acaecieron los hechos que se juzgarán este lunes.

Imagen de la calle Fate, donde acaecieron los hechos que se juzgarán este lunes. / pascual

El lunes comenzará en la Sección Octava de la Audiencia Provincial, con sede en Jerez, el juicio por el crimen de la calle Fate, en el cual Juan Miguel Ortega Sánchez, de 45 años y antiguo componente de la banda del conocido delincuente Cásper, fue presuntamente asesinado por un compañero de correrías. El juicio será visto por un jurado popular. Según sostiene la Fiscalía, tras una noche de copas el amigo le disparó, el fallecido intentó protegerse con la mano pero el disparo casi a bocajarro le atravesó la mano y después el corazón. La herida era mortal de necesidad. Los hechos acaecieron el 29 de julio de 2009, si bien el principal y único acusado por este asunto, J.P.S, fue detenido años más tarde, ingresando en prisión en mayo de 2016. La Fiscalía de Jerez solicita contra él una condena de 17 años de prisión por un delito de asesinato en virtud del artículo 129, punto primero, del Código Penal.

Según se describe en su escrito de conclusiones provisionales "el acusado se desplazó a Jerez en julio de 2009 con intención de entrar en contacto con Juan Miguel Ortega con quien por motivos que se desconocen mantenía algún tipo de enfrentamiento o de conflicto relacionado con actividades que en el pasado habían llevado a cabo de forma conjunta en diferentes partes del territorio nacional".

La Fiscalía pide para el presunto asesino una condena de 17 años de prisiónLa víctima manifestó a sus familiares que tenía miedo a que vinieran a matarle

Según se describe en el relato de los hechos, en días previos la víctima había manifestado a algunos familiares y vecinos su temor porque podrían intentar matarlo. Así, entre los días 28 y 29 de julio de 2009 el hombre que acabaría muerto recibió un mensaje escrito en la puerta de su casa, en la calle Fate, donde dos antiguos amigos "le deseaban un abrazo". Al recibir el mensaje reiteró a sus familiares que estas personas "querían matarlo".

Fue el 29 de julio de 2009 cuando el acusado consiguió entrar en contacto con Juan Miguel Ortega, quien esa misma mañana acudió a la peluquería y a una sesión de rayos UVA. "El acusado estuvo con la víctima en diversos locales de hostelería entre las cuatro de la tarde y las 23,40 horas aproximadamente". Consumieron gran cantidad de alcohol y regresaron a la vivienda de la calle Fate. Un hecho importante es que cuando llegaron al piso en el mismo estaban la madre de la víctima y una amiga suya. Fue en un momento no determinado entre las doce de la noche y la una de la madrugada ya del 30 de julio cuando "de forma sorpresiva y aprovechando una conversación que era amigable cuando el acusado cogió una pistola". Se trataba de una pistola de la marca Llama modelo MAX II 45L/F con el número de serie borrado. "Se desconoce si la traía el propio acusado o si la cogió en la habitación" del fallecido.

Lo que vino a continuación fue que el acusado "con ánimo de causar su muerte apuntó a Juan Miguel con la pistola, a un distancia aproximada de 1,30-1,40 metros y disparó, penetrando la bala en la palma de la mano izquierda, saliendo por la cara externa, penetrando a continuación por la mamila izquierda y saliendo por el hombro derecho". La bala disparada, entre otras graves heridas, perforó el saco pericárdico, atravesó el ventrículo izquierdo para luego hacer lo propio con la arteria pulmonar y la parte superior del pulmón derecho.

Según los informes de los forenses "como consecuencia de estas heridas el hombre falleció en pocos minutos. La causa de la muerte fue un shock hipovolémico post hemorrágico (pérdida masiva de sangre). Es reseñable que en el momento de su muerte el fallecido tenía una tasa de alcohol en sangre muy elevada, concretamente de 2,24 gramos por litro.

"Tras ocasionar la muerte a Juan Miguel Ortega el acusado, J. P. S., salió al salón de la vivienda y dijo a la madre y a su amiga que Juan Miguel se había suicidado, marchándose del lugar alegando que él en ese momento se encontraba en busca y captura, dejando en el lugar la pistola con la que ocasionó la muerte.

El ministerio público, además de los 17 años de cárcel, piden que indemnice a la madre de la víctima con 96.101 euros en concepto de responsabilidad civil.

Cabe destacar que la víctima, Juan Miguel Ortega, estaba considerado como uno de los más expertos butroneros de España. "Un artista de la lanza térmica", llegaron a calificarlo veteranos policías a este medio de comunicación. En tiempos se le relacionó con un robo en el Banco Popular de Yecla (Murcia). Este butrón, el más destacado de cuantos se han perpetrado en el país, fue en la nochebuena de 1998 y los ladrones tuvieron tiempo para abrir 90 cajas de seguridad que les reportaron nada menos que 4,8 millones de euros.

Ambos estuvieron en tiempos relacionados con la banda de Cásper, que lideró uno de los grupos organizados más peligrosos -y refinados- de la delincuencia nacional. No en vano llegaron a robar en casa de Esther Koplowitz, pese a las medidas de seguridad con que contaba, así como en varios bancos durante su trayectoria. Los miembros de la banda "no eran unos delincuentes normales ya que poseían un altísimo grado de especialización", según la Policía Nacional.

Al parecer, las rencillas de aquellos tiempos terminaron costando una vida en el número 3 de la calle Fate, si bien hubo fuentes que en su momento consideraron que se trató de un asesinato por encargo.

El presunto asesino huyó y sólo pudo ser detenido en mayo de 2016, en la localidad madrileña de Rivas-Vaciamadrid, tras varios años de búsqueda. Fue identificado por agentes del Grupo de Localización de Fugitivos Nacionales y se montó un dispositivo para su detención con la colaboración del Grupo Especial de Operaciones (GEO), debido a la extrema peligrosidad del detenido, que habitualmente iba armado.

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