Un año del estado de alarma | El impacto de la pandemia en Jerez El deporte, un espectáculo sin espectadores: la ruina

  • El Circuito, sin público en MotoGP ni otras carreras, y prácticamente todos los clubes de otros deportes no tienen ingresos sino números rojos

El podio del Gran Premio de Andalucía de MotoGP el pasado verano en el Circuito de Jerez-Ángel Nieto, con Rossi, Quartararo y Viñales y al fondo la Tribuna VIP vacía.

El podio del Gran Premio de Andalucía de MotoGP el pasado verano en el Circuito de Jerez-Ángel Nieto, con Rossi, Quartararo y Viñales y al fondo la Tribuna VIP vacía. / MotoGP.com

Si se entiende el deporte de alto nivel como espectáculo de masas, no cabe duda que la pandemia ha sido un torpedo que ha estallado en la línea de flotación del negocio hasta obligar a reinventarse a clubes, promotores y organizadores. Por ejemplo, el espectáculo deportivo que más público ha venido reuniendo en la provincia, con diferencia, es el Gran Premio de España de motociclismo en el Circuito de Jerez-Ángel Nieto pero las restricciones sanitarias han dibujado un Mundial de MotoGP muy diferente al de la 'antigua normalidad', lejos del colorido de la grada y del rugido de la pelousse.

La estampa del podio del Gran Premio de Andalucía de MotoGP, con Valentino Rossi, Fabio Quartararo y Maverick Viñales y al fondo la Tribuna VIP vacía, es tan clarificadora como triste, porque Jerez tuvo dos Grandes Premios consecutivos -primer circuito de la historia en tenerlos- pero ambos a puerta vacía. Y los dos fueron los que marcaron la temporada y de los que más se habló en el Mundial 2020: el primero, el GP de España, por la caída de Marc Márquez, que le dejó fuera de combate en plena remontada; el segundo, el de Andalucía, por el intento fallido de volver a la moto, coitus interruptus cuyas secuelas sigue arrastrando el ocho veces campeón del mundo.

Cierto es que Jerez ganó proyección internacional al ser el inicio de un campeonato ampliamente seguido por televisión al estar medio mundo confinado pero no deja de ser triste celebrar carreras sin público porque todo esto está montado -y sostenido- por y para la afición. Y sin la marabunta en la pelousse, el negocio no es que sea el mismo, es que no hay negocio: la ruina.

Así, el Circuito de Jerez cerró el año 2020 con más de 1,3 millones de euros de pérdidas. Los números rojos han venido motivados por la pérdida o caída de los principales fuentes de ingresos: la venta de entradas para el Gran Premio y los alquileres de pista, y es que las restricciones a la movilidad debido a la pandemia del coronavirus desembocaron en la falta de actividad que ha tenido el trazado jerezano.

Según Cirjesa, los importes ingresados pasaron de los 2,8 millones de euros en 2019 a poco más de 1,3 millones en el pasado ejercicio (2020), pero las perspectivas no son mejores y el Circuito ya baraja el escenario de que este año 2021 acabará también en números rojos debido a la crisis del coronavirus. La incertidumbre reinante ante la expansión de la pandemia hace temer que, a pesar de que el trazado tiene ya reservas para el alquiler de sus pistas para este año, seguirá lejos de alcanzar los días de ocupación que había antes de la situación sanitaria actual porque esta 'nueva normalidad' poco tiene que ver, al menos de momento, con la 'antigua normalidad' que hacía del trazado jerezano la primera opción de motoclubes, marcas, firmas y equipos como cuartel de invierno.

El Circuito prevé un incremento de la facturación en 2021 -lo contrario sería catastrófico- con una estimación de ingresos de 2,4 millones por alquiler de pista (1,3 millones en 2020) pero a día hoy todo hace indicar -y así está en sus previsiones- que no contará con su principal fuente de ingresos, la venta de entradas para el Gran Premio de MotoGP. Como apunte, recordar que en 2019 se ingresaron en taquilla unos 4,3 millones de euros.

Ante esto, Cirjesa estima que las secuelas del coronavirus van a seguir afectando en 2021, que se cerrará con unos 463.000 euros de pérdidas y eso que, sin venta de entradas, no hay que pagar el canon a Dorna, de unos 2,7 millones de euros aunque la mayor parte la aporta la Junta.

Números rojos

Y es que sin público en la grada y sin ingresos en taquilla la cuesta arriba se empina: organizar el Gran Premio cuesta aproximadamente 381.000 euros y la previsión de ingresos es de 236.000 euros por el alquiler de las salas vip, con lo que el Mundial será deficitario. Y si MotoGP cuesta dinero sin público, qué decir del resto de pruebas que no tienen ni de lejos el tirón del Mundial de motociclismo: Superbike y la mayoría de otras carreras siguen costando dinero al Circuito y sin público es imposible que los números tengan otro color que el rojo, lo que engorda la roncha.

No les ha ido mejor a otros deportes y quizá el más significativo, por ser el más practicado y más seguido, sea el fútbol. Los clubes no profesionales encararon el estado de alarma con la incertidumbre de saber si acabaría la temporada y sin ingresos, al prohibirse el acceso de público a los partidos, de forma que el final de temporada fue una sangría traducida en números rojos al acabar el ejercicio más raro de la historia, la temporada del Covid, con equipos aplicando ERTEs a sus futbolistas y reduciendo gastos al mínimo.

Parecía que el fútbol despertaría de la pesadilla del Covid esta temporada y los que mandan apuntaban a la vuelta a la normalidad y al público en las gradas a partir del pasado mes de enero, con lo que el balompié y otros deportes creían ver la luz al final del túnel. Pero nada más lejos de la realidad, porque la segunda y tercera olas amenazan con convertirse en un tsunami que arrase con los más débiles.

Y de aquellos barros vienen estos lodos, porque el vaivén de la tasa de contagios ha propiciado el baile de niveles de alerta sanitaria, con lo que se ha pasado de permitir aforo limitado a jugar a puerta cerrada, lo que en ambos casos repercute en la economía de clubes que tienen en las taquillas su principal fuente de ingresos además de las campañas de socios, en la que los aficionados se han mantenido fieles a sus colores sin saber a ciencia cierta si podrían acudir a los partidos, lo que se les ha negado en muchos casos por la limitación del aforo y en otros por no permitir el acceso del público. A todo esto se une el cambio de sistema de competición, con grupos y subgrupos, primera fase y 'play-off', que acaba de enredar otra temporada irrepetible.

Más problemas tienen otros clubes de categorías provinciales, con menor masa social y que subsisten gracias a las taquillas, los ingresos de la cantina los días de partido y aportaciones casi simbólicas de patrocinadores pero que esta temporada suponen un balón de oxígeno sin el que sería imposible subsistir.

Capítulo aparte son los equipos de cantera, con la mayoría de competiciones aplazadas hasta el pasado mes de enero y las cuotas mensuales resintiéndose por ello. Las restricciones sanitarias y la imposibilidad de entrenar en grupo han mantenido en jaque a las categorías base de todos los deportes de equipo, pendientes primero del visto bueno para entrenar, luego de contar con los jugadores necesarios para afrontar la temporada y más tarde de la situación sanitaria, porque tanto los permisos para los deportes de grupo como los cierres perimetrales han supuesto incógnitas a despejar semana a semana en las competiciones de chavales.

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