De Jerez a Frankfurt: la beca que cambió la vida de Alejandra en Alemania
La jerezana, licenciada en Traducción e Interpretación se fue al extranjero a mejorar idiomas al acabar la carrera y más de 20 años después sigue en Frankfurt dando clases de español
De Jerez a Utah: la vida de una familia jerezana entre montañas
En las clases de Alejandra Cosano en Frankfurt no faltan las recetas andaluzas y las sevillanas. La jerezana llegó a Alemania hace más de 20 años para mejorar idiomas y se quedó. Licenciada en Traducción e Interpretación se fue para “vivir una experiencia en el extranjero, por lo que realicé dos becas Erasmus en Alemania durante mis estudios de Traducción e Interpretación. Al terminar la carrera surgió la oportunidad de trabajar varios años como asistente de conversación en distintos institutos y, poco a poco, fueron apareciendo oportunidades laborales y personales que hicieron que finalmente me quedara”.
Se casó con un italiano, de Trento, y a más de 2.400 kilómetros de la ciudad en la que creció, ha formado su familia con su marido y sus tres hijas de 10, 8 y 5 años.
“En cierto modo sí puede considerarse una ‘huida de cerebros’. No fue una decisión plenamente deseada, sino una salida ante la falta de oportunidades. Cuando escucho a jóvenes decir que se ven obligados a marcharse para poder trabajar, siento tristeza y empatía, porque me reconozco en esa situación. Creo que es una pérdida para el país cuando su gente joven y formada no puede desarrollarse profesionalmente en su país”, reconoce Alejandra.
La jerezana explica que “la principal diferencia que percibo entre España y Alemania está en la forma de entender el trabajo y las relaciones sociales. En Alemania la vida gira más en torno al trabajo, aunque las relaciones sociales también existen, pero se viven de una manera distinta. Hay una planificación muy marcada y una mayor conciliación entre la vida laboral y familiar. Aquí encontré oportunidades profesionales y una seguridad laboral que en ese momento era difícil encontrar en España”.
Después de veinte años en Alemania “pienso que aquí se vive para trabajar, mientras que en España se trabaja para vivir. En Alemania las relaciones sociales no son tan espontáneas y encontrar tu lugar en un grupo de personas puede llevar meses o incluso años. Aun así, el concepto de amistad suele ser muy profundo: cuando haces un amigo, lo tienes para siempre”.
Su cuerpo se ha ‘hecho’ a la vida alemana, pero en su casa nunca falta un hueso de jamón “para darle a la sopa de pollo ese toque de nuestro pucherito. Tampoco faltan el flamenco, las sevillanas y, por supuesto, las visitas a Jerez siempre que es posible. A nivel profesional también intento transmitir la cultura andaluza a mis alumnos, ya sea a través de recetas típicas o incluso con clases de sevillanas”.
No descarta volver a vivir en Jerez en algún momento, es una idea que siempre está ahí: “Echo de menos muchas cosas: la gente y la espontaneidad a la hora de relacionarse, la comida, el clima y por supuesto nuestras fiestas. Sin embargo, por ahora no contemplamos el regreso a España. Mi marido es italiano y trabaja de economista en el Banco Central Europeo, por lo que nuestra vida está establecida en Frankfurt y repartida entre Alemania, Italia y España. Así que nuestro ‘hogar’ tiene tres banderas y varias formas de hacer pasta y tapas al mismo tiempo”.
De hecho, sus hijas tienen tres nacionalidades: alemana, española e italiana, “por lo que no siempre se identifican con un solo país. A veces se sienten españolas, otras italianas y otras alemanas”.
Si en el futuro desean trabajar fuera de Alemania, “las animaría a hacerlo como una experiencia de crecimiento personal y profesional, pero siempre desde la elección y no desde la obligación. Me gustaría que tuvieran la posibilidad de decidir libremente si quedarse o marcharse, algo que muchas personas de mi generación no tuvimos”.
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