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Rafael Soto ha sido uno de los jinetes que más apego ha tenido a Álvaro Domecq Romero. Durante varias décadas trabajó codo a codo con él en la Real Escuela de Arte Ecuestre, por lo que lo consideraba "como mi segundo padre". El jinete reconoce que "Don Álvaro era una persona especial y nos transmitió a todo su pasión por el caballo. Personalmente, le debo mucho, a él y a toda su familia, y si hoy en día soy lo que soy es gracias a él", confesaba a este medio emocionado.
Soto ha recordado con cariño "esta última etapa suya en la Escuela. Me impresionaba verlo montar por la comunicación que ese hombre tenía con el caballo, y era algo que se lo decía a los más jóvenes. Mirad que esa conexión no la tiene todo el mundo".
Para el jinete jerezano "fue Álvaro Domecq quien llevó a lo más alto a los caballos españoles, porque hasta 1994 no hubo un equipo olímpico como el de doma. Fue el responsable de que España y sus caballos españoles tuviera ese éxito mundial".
"Hay una frase de Manolo Ruiz, compañero de la Real Escuela, que siempre he guardado con cariño cuando se refería a él y era que no tenía sangre humana, Álvaro Domecq tenía sangre de caballo porque no he visto a nadie conectar con el caballo como a él".
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