DiarioDelasartes

Los horizontes de la miradaEspectacularidad pictórica

La capacidad artística de Pepe Basto es conocida y respetada por todos. Su estamento pictórico está muy bien sustentado y su larga carrera ha afianzado y revalorizado unos criterios artísticos que no ofrecen la menor duda. Como viene siendo habitual por estas fechas, el artista presenta en su estudio del Arroyo una muestra con su obra más reciente; algo que supone, ya, toda una cita en el calendario artístico de la ciudad.

La exposición nos conduce por la sabia estructura figurativa de un Pepe Basto dominador de una escena paisajística a la que ha sabido conceder un particular tratamiento plástico y estético gracias a un oficio compacto capaz de afrontar cualquier situación pictórica. Y es que el realismo de la pintura de Pepe Basto está conformado después de un meditado y consciente proceso de depuración y reduccionismo formal. La pincelada se ha hecho mínima para componer una representación de contundente expresionismo; ésta adopta unos modos precisos y determinantes que asumen el valor de lo representado sin el desmesurado apoyo definitorio de ilustrar fielmente lo concreto. Con una sustanciosa economía de medios plásticos Pepe Basto consigue generar los máximos supuestos de lo real, esos que declaran sin ambages lo que mirada vislumbra, pero con difícil reduccionismo formal que acentúa la verdad de lo representado y formaliza un paisaje sin trampa ni cartón.

PEPE BASTOEstudio del pintorJEREZRAFAEL LAUREANOEspacio Santa ClaraMORÓN

La amplia muestra nos sitúa por distintos momentos artísticos de la pintura de Pepe Basto; dejando bien a las claras las muchas circunstancias que intervienen en su ideario artístico. Sin embargo, el poder aplastante de su pintura sobre paisaje de viñas sobresale con entusiasmo. En este terreno, el artista jerezano impone su solvente posición. Dominador, como digo, de la estructura compositiva, intérprete virtuoso de las texturas de la tierra de albariza y de los añosos arabescos de las cepas, relator sin reveses desvirtuantes de las cambiantes atmósferas de un paisaje al que extrae toda su dimensión física y visual, Pepe Basto, en definitiva , un pintor muy buen intérprete de una pintura en la que cree y a la que trata de imponer un lenguaje marcado por una sabiduría llena de sentido artístico.

En la exposición el espectador se encuentra con obras diferentes que mantienen vivo el amplio ideario figurativo de la pintura del autor pero no pasa desapercibida la contundencia formal de los paisajes viñeros. Con ellos el artista da rienda suelta a su sabio concepto interpretativo, plantea su consolidada maestría en el tratamiento de la figuración, sobre todo en lo que respecta a un paisaje que domina ampliamente. Así las tierras que circundan Jerez, los pagos donde se trazan las vides que eclosionarán en nuestros caldos, las suaves colinas rayadas por los linos de cepas centenarias y los límpidos horizontes jerezanos son captados por la incisiva mirada de un artista que sabe trascender plásticamente más allá de lo que la representación provoca. Una colección de paisajes de poderosa estructuración formal llenan los espacios expositivos. Entre ellos dos piezas sobresalen espectacularmente; en la primera un esplendido paisaje se nos abre exultante, poderosos, con las matizaciones de las texturas de tierras, cepas y horizonte; una obra de carácter que desempeña su máxima función representativa y, por supuesto, expresiva. La segunda, en realidad un díptico, nos ofrece un apasionante paisaje desde un punto exacto en el que la mirada capta, casi de golpe, la amplia zona del horizonte que va desde Gibalbín hasta la propia silueta de la ciudad de Cádiz.

La nueva exposición de Pepe Basto nos hace transitar por los esquemas de la mejor pintura de paisaje; esa que va más allá de lo que la vista atrapa ; esa que marca los postulados de un pintor con profundo sentido de lo artístico.

Atrás quedó la historia de aquel joven estudiante de Bellas Artes que conocí cuando exponía, en un bar de Triana, en la que fue su primera comparecencia colectiva y en la que vislumbré - en él era demasiado fácil - un diáfano horizonte en la pintura; pasó, también, el tiempo de un pintor emergente que obtuvo el gran reconocimiento de la Beca de la Fundación Antonio Gala de Córdoba; parece que, asimismo, el artista puede escoger entre los infinitos encargos de pintura religiosa que le demandaban hermandades y cofradías de todo el territorio nacional. Ahora está surgiendo un pintor con mayúsculas que es el artista superior que busca y encuentra, el creador nato de una pintura a la que está imponiendo trascendentes momentos de lucidez.

La presente exposición parte del Premio PROYECTARTE que Rafael Laureano obtiene y que, entre otras circunstancias, supone la celebración de una exposición en la sala municipal Espacio Santa Clara de Morón. La muestra llega a la localidad sevillana después de que el artista haya estado de plena actualidad al haber sido el autor de importantes carteles de primerísimos eventos; faceta la de cartelista - para este que esto les escribe, Rafael Laureano es uno de los más sabios y coherentes de cuantos se dedican a esta modalidad artística - que comparte con una realidad pictórica llena de profundidad y entusiasmo.

El espacio donde tiene lugar la muestra, antiguo convento de las Clarisas, en plenos Jardines de la Carrera, es una espléndida estancia con infinitas excelencias expositivas. En la primera planta, el espectador se encuentra con algunas piezas de ese bello muestrario de cartelería con la que el pintor sevillano ha obtenido los máximos reconocimientos. Son piezas en las que el artista hace gala de una entusiasta capacidad creativa. En ellas organiza las escenas después de un estudio pormenorizado de la realidad que ha de ilustrar, indagando en la historia del acontecimiento y buscando los elementos estructurales más adecuados para componer un entramado pictórico en el que se suceden actuaciones de muy dispar naturaleza, yuxtaponiendo la pintura y el dibujo a otros elementos extraartísticos. Así nos encontramos con el magnífico y exuberante de la Esperanza de Triana, con el bello rostro de la Virgen enmarcado en una orla de flores, aspecto éste muy representativo de una Hermandad en el que la ornamentación floral constituye un argumento muy importante. Sutilísimo el cartel de los 50 Años de la Fiesta del Verdeo de El Arahal en el que Rafael Laureano da rienda suelta a un conocimiento absoluto de la historia, interpretando una felicísima realidad en la que pintura y dibujo estructuran una escena llena de encanto y belleza. Esta pieza, de gran dimensión creativa, levantó infinitas críticas en una sociedad miope con absurdos argumentos que sólo sirvieron para revalidar una pieza importante y descubrir la infinita estulticia de muchos. Muy significativo es el retablo de la Sagrada Familia, que Rafael Laureano realiza en homenaje a Murillo y en el que nos da muestras de su importancia artística en la espectacular interpretación de la figura de San José y en los adornos gráficos que enmarcan la escena.

En la segunda planta nos encontramos con uno de los espacios expositivos más bellos y con mejores posibilidades museográficas de cuantos existen por nuestra zona. En esta espléndida sala se presentan una serie de obras que, además de plantearnos la absoluta potestad artística del artista de Benacazón, sirven de paso para adentrarnos en la nueva estructura creativa del pintor. La figuración sigue apareciendo exultante; el tratamiento de los postulados de lo real manifiestan su espíritu expresivo más acentuado y, además, el concepto adopta una nueva dimensión, más festiva, rompedora, inquietante y divertida. En este sentido la serie de los animales globos es de una exuberante sensibilidad y de una gracia infinita. Con ellos el artista se adentra en una dimensión distinta; llenando de feliz creatividad una figuración que, sin abandonar los parámetros de la realidad, afrontan nuevos espacios representativos.

Muy buena exposición la que se presenta en las estancias municipales del convento de Santa Clara. La espectacular obra de Rafael Laureano es bellamente mostrada, auspiciada por los buenos criterios museográficos de Agustín Israel Barrera; consiguiendo que la realidad pictórica del joven pintor se vea potenciada en un estamento espacial de suma belleza y clarividencia expositiva. Una muestra para no perdérsela y para encontrarse con un artista en plena joven madurez que atrapa la mirada y llena de emoción el espíritu.

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