Crítica de Cine

Más es mejor

13 Horas: los soldados secretos de Bengasi

Thriller-bélico, EEUU, 2016, 143 min. Dirección: Michael Bay. Guión: Chuck Hogan. Fotografía: Dion Beebe. Música: Lorne Balfe. Intérpretes: James Badge Dale, John Krasinski, David Denman, Pablo Schreiber, Max Martini.

¿Por qué rodar una escena el cinco planos si puedes hacerlo en 55? ¿Por qué componer una imagen si puedes mover constantemente la cámara? ¿Por qué preocuparse del rodaje si puedes arreglarlo todo en montaje y posproducción?

Son éstas, entre otras, algunas de las cuestiones que suscita el cine ampuloso, espectacular y excesivo de Michael Bay (Armageddon, Pearl Harbor, Transformers), que ha hecho de su "estilo" toda una nueva marca de identidad del nuevo blockbuster hollywoodiense al que se suman, casi con piloto automático, todos los jóvenes realizadores que quieren seguir su estela como artesanos del big money.

Bay tiene sus defensores, no crean, que han visto en su hipertrofiado sentido de la puesta en escena toda una glorificación del barroquismo posmoderno al servicio del gran espectáculo pirotécnico, incluso, como ocurría en la anterior Dolor y dinero, de largo su mejor filme, al de una historia sobre el esplendor y la miseria del neocapitalismo made in USA.

Con 13 horas regresa toda esa parafernalia paramilitar en la que tan cómodo se encuentra, puesta aquí al servicio de un grupo de elite de la CIA que tendrá que defender su particular Álamo en la Embajada de Estados Unidos de Bengasi, Libia, asediada por los árabes malotes con subfusiles y turbante. Bien es cierto que el guión no elude la propia condición paródica de esta eterna batalla entre buenos y malos, como tampoco sortea la socorrida salvaguarda del héroe y el grupo frente a la disciplina de mandos y la burocratización de la política exterior, pero no es ahí precisamente donde esta película tiene su fuerte.

Desdibujados los personajes en machos alfa de testosterona y videojuego, simplificada la geopolítica hasta el hueso, 13 horas se entrega así a una noche (cortesía del gran Dion Beebe, creador de las mejores imágenes digitales para Michael Mann) de fuego cruzado y explosiones controladas en la que, por momentos, y precisamente por culpa de esa manera de filmar y montar, uno no termina de ubicarse. Dudo mucho que entre los propósitos conscientes del Bay se encuentre el de la búsqueda de la abstracción. Si así fuera, 13 horas tal vez pasaría a la historia como el primer blockbuster paramilitar de vanguardia.

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