Cultura

En la órbita de Díez Boscovich

  • El director de orquesta malagueño debutará en Hollywood el año que viene con la grabación de una banda sonora de Christopher Lennertz

Para casi todo el mundo era sólo una cuestión de tiempo, pero que al final vaya a suceder no significa que el camino haya sido fácil. El director de orquesta malagueño Arturo Díez Boscovich, fiel aliado de la música para el cine en España, compositor de partituras para películas y series de televisión con varios reconocimientos en su haber y director artístico del festival Movie Score Málaga (Mosma), es considerado una de las batutas más brillantes de su generación. Y lo es tanto para el repertorio sinfónico como para los musicales (fue también director titular de la producción española de Los miserables, y recientemente fichó por Disney para subir a la tarima en el nuevo proyecto escénico de la todopoderosa productora, Disney in concert), con igual calidad y exigencia que en su dedicación para la pequeña y la gran pantalla. De modo que sí, cualidades no le faltan. Pero éstas no restan valor al hecho de que Díez Boscovich ya tiene confirmado su debut en Hollywood: será el año próximo, previsiblemente antes del verano, con la grabación en uno de los grandes estudios de Los Ángeles de una banda sonora del compositor Christopher Lennertz, especializado en películas de animación (en su curriculum figuran Alvin y las Ardillas y Hop) si bien ha escrito también la música de comedias como Horrible Bosses, series de televisión como Agent Carter y Supernatural y el videjuego creado por Steven Spielberg Medal of Honor. Será Díez Boscovich el responsable de que el trasvase del pentagrama a los micrófonos suceda con el mayor éxito posible en su próximo envite. Y es que, después de que Antonio Banderas abriese el camino, Málaga sigue acortando distancias con Hollywood a fuerza de talento.

El propio director explicó a este periódico que conoció a Lennertz en el Úbeda Soundtrack Festival (certamen hermanado con el Mosma), a donde acudió el estadounidense como compositor estrella: "Me invitó allí mismo a grabar su banda sonora en Los Ángeles. Aún no sé de qué película se trata ni se han concretado las fechas, pero acepté sin dudarlo. Se trata de un paso muy importante y tengo claro que quiero aprovechar esta oportunidad". Díez Boscovich confirmó que últimamente ha recibido otras peticiones similares desde fuera de España, también durante el transcurso del Mosma, al que acudieron compositores de la talla de Pino Donaggio, Roque Baños, Kenji Kawai y Craig Armstrong, entre otros. La proyección internacional del director malagueño corre así en paralelo de la de sus actividades. Todo apunta a que el propiciado por Christopher Lennertz será el primer escalón de una ascensión mayor.

Mientras esto sucede, Díez Boscovich se afianza también como director del repertorio clásico con una mayor presencia en España y una alianza cada vez más firme con la Orquesta Filarmónica de Málaga. Ayer dirigió a la OFM en el Concierto de Verano del Colegio de Aparejadores y hoy sábado lo hará, ya en una ocasión menos exclusiva y con más oportunidades para el público, en la última cita del ciclo Julio Musical del Castillo de Gibralfaro, con un programa que incluirá obras de Antón García Abril, Jesús Guridi y Leonard Bernstein. En este sentido, aguarda Díez Boscovich con especial ilusión su concierto como director invitado de la temporada de abono de la OFM que se celebrará en el Teatro Cervantes el 3 y 4 de noviembre, con un programa que incluye la Fanfarria olímpica de John Williams ("Era inevitable, tenía que meter a Williams como fuese", apuntó sonriente el director que dedicó con gran éxito en los últimos meses un amplio monográfico al compositor fetiche de Spielberg en Málaga y Granada), el Concierto para percusión y orquesta de Jesús Torres (con Juanjo Guillén como solista) y una de las piezas predilectas de nuestro hombre, Los planetas de Gustav Holst, para la que contará con el Coro de Ópera de Málaga: "Es una obra que me fascina. La partitura contiene unos colores asombrosos. Durante muchos años se consideró, de manera injusta, una composición menor, hasta que al fin la grabó la Filarmónica de Berlín y ganó la consideración que merecía". En su lectura para la OFM habrá, por tanto, mucho de reivindicación; y es que el canon clásico es para Díez Boscovich lo suficientemente amplio y flexible como para no dejar nada que merezca la pena en el tintero.

La próxima temporada se presenta por tanto no sólo abultada en cuanto a volumen de trabajo para Díez Boscovich; también decisiva para la trayectoria de un músico que ha decidido no ponerse límites respecto a qué generos abordar y qué órbitas conquistar, en cualquier orilla de cualquier charco. Para la próxima edición del Mosma, el director promete "seguir creciendo en cuanto a la presencia de directores y compositores de prestigio en todo el mundo; ideas y ganas no nos faltan". ¿Quién ha hablado de metas?

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