Cultura

Los problemas cotidianos acaparan el protagonismo de las viñetas

  • El cómic también ejerce la labor de dar voz a las silenciadas reivindicaciones de colectivos minoritarios.

Desde que los cómics iniciaron como tales su andadura por este mundo, han sido muchas las etapas o modas que, al igual que ocurre con cualquier otro medio, hacen que sobrevenga una sobredosis de títulos que abarquen temas similares tanto en la forma como en el fondo. En nuestra época los problemas sociales a varios niveles parecen haberse convertido en un filón a explotar por parte de un grupo muy determinado del sector, aunque también se torna en una oportunidad única de ejercer una labor reivindicativa en favor de determinados colectivos minoritarios cuyos problemas se habían silenciado o no eran tan conocidos. José Luis Vidal, experto en la materia, piensa que "en los últimos años, algunos artistas (en su mayoría pertenecientes al circuito independiente) se han querido alejar de las historias de género y hablar sobre temas de la vida real que son parte de su biografía o bien se han documentado sobre el tema. Creo que todos los temas son tratables en el cómic, lo único que sí diría es que se está dando una saturación". Parte de razón tiene.

No solo sería injusto decir que temas sociales no habían sido tocados con anterioridad en las páginas de un tebeo. Sin ir más lejos, en la editorial Marvel podemos encontrar ejemplos a puñados, por ejemplo la muerte de Mar-Vell (el primer Capitán Marvel), un ser con el poder de un dios que sufrió un final muy humano a consecuencia de un tumor maligno; otro cáncer que es el derivado de la drogadicción y el alcoholismo que testimonia Iron Man: El demonio en una botella, o el retrato de esa lacra social que supone el maltrato de género, y que quedó reflejado en las humillaciones y agresiones físicas que el doctor Henry Pym, alias el Hombre Hormiga (entre otros seudónimos) propinaba a su esposa Janet Van Dyne, la Avispa.

Sin embargo, dejando a un lado tópicos simplistas que reducen el noveno arte a "historietas de superhéroes", lo cierto es que en los últimos años han ido cobrando cada vez más protagonismo en el mercado una suerte de drama social en viñetas que, en nuestro maravilloso mundo capitalista regido por la ley de la oferta y la demanda, demuestra a las claras que el público mayoritario manifiesta un más que evidente interés por este tipo de obras. Buena prueba de ello Arrugas de Paco Roca, que descarna como pocos lo han hecho antes el drama del Alzheimer, o el ostracismo al que condenamos sin piedad alguna a nuestros mayores, recluyéndolos en asilos y tirando la llave como si hubiesen dejado de existir.

Las posibilidades son infinitas y podemos encontrar desde cómics que tratan discriminaciones, enfermedades, entre otros. Desde lo complicada que puede resultar una relación sentimental en la que uno de los implicados resulta ser seropositivo (Píldoras azules de Frederick Peeters), con todas las dudas y temores que ello conlleva, hasta la experiencia que supone la paternidad con un hijo o hija autista, como recoge Miguel Gallardo en su novela gráfica María y yo.

Francisco Asencio, principal responsable de la conocida librería especializada Leviatán, dijo sobre este tipo de cómics que "es algo que ha existido desde siempre, porque en principio se ironizaba la época, satirizando lo cotidiano. Ahora que el medio es más adulto, se ofrece un acercamiento más directo al día a día, como pasó con el cine, que de un entretenimiento de masas evolucionó a algo más profundo. Autores como Roca han sabido usar muy bien el medio para ello. Puede ser una moda, pero va a prevalecer y siempre tendrá su hueco, porque los problemas seguirán estando ahí". También explica que suelen ser adquiridos por un consumidor específico que no suele leer cómics.

Dos buenas muestras de lo que estamos diciendo son las historietas de la iraní Marjane Satrapi, como Persépolis, Bordados y Pollo con ciruelas que, por medio de las experiencias personales de la autora, se abre una ventana al lector a través de la cual se pueden contemplar no pocos aspectos del mundo islámico (con el añadido de que está narrado desde la óptica femenina. Las guerras y los efectos que estas producen entre la población civil, como Sudd de Tyto Alba y Gabi Martínez. La mendicidad, esa situación que solemos combatir a diario mirando hacia otro lado, cuenta con fieles representantes como Miguel, 15 años en la calle de Miguel Fuster. También han ido cogiendo impulso los cómics protagonizados por parejas homosexuales, como El azul es un color cálido de Julie Maroh, que narra la historia de amor entre dos chicas. Dentro de nuestras fronteras, la crisis económica ha sido retratada con especial acierto por Aleix Saló, el joven autor de Españistán: Este país se va a la mierda y Simiocracia: Crónica de la gran resaca económica, que se convirtió de la noche a la mañana en todo un fenómeno en las redes sociales, describiendo con un dardo certero y un sentido del humor cargado de ironía y buenas dosis de mala leche la pésima situación en la que nos encontramos los españoles.

En conclusión, pese a que Los Vengadores, Spiderman o Batman pueden seguir siendo de los iconos más representativos del noveno arte, el paso de los años ha ido conduciendo al medio hacia una especie de madurez que le permite abarcar asuntos y miserias de la vida cotidiana. ¿Cogerá aún más fuerza esta tendencia o irá perdiendo fuelle? Nada podemos asegurar al respecto, mas lo que sí parece estar claro es que, a día de hoy, los cómics de temática social han llegado para quedarse con absoluta maestría. Las palabras sobre el particular de José Joaquín Rodríguez Moreno, historiador del cómic, resultan realmente ilustrativas : "Los cómics son una forma de comunicación y, por lo tanto, no es extraño que hablen sobre problemas que tanto los autores como los lectores conocen y, en ocasiones, incluso viven en carne propia. El cómic es cada vez más un producto para personas entre 20 y 40 años, de ahí que los temas sociales vayan ganando cada vez más peso. ¿Oportunismo? Sin duda hay editoriales que sacan cómics del 15-M porque creen que es rentable, pero a fin de cuentas las películas de Berlanga se estrenaban porque a los productores les parecía que iban a ganar dinero con ellas, sin que eso desmerezca ni el talento ni la crítica al director."

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