Loque más gusta del verano son las 'vagaciones', dice mi buen amigo Argimiro, de la escuela etimológica de San Isidoro, ese tiempo del 'dolce far niente' en que el mejor trabajo consiste en dejar de hacerlo. Tiene Argimiro, sin embargo, la nadería de siete nietos, de edades parvas, que, como son hijos de padres empleados, gracias a Dios, así que termina la escuela, no pudiéndoles atender por fuerza horaria, la guardería alternativa se sitúa en casa de los yayos; y como esos niños tienen a sus otros ascendentes en tierras cántabras, Argimiro y abuela Isabel, esforzada heroína de la familia, han de apechugar con el pastoreo de los infantes por mor del trabajo de los progenitores. Ahora llegan las vagaciones, las provisiones y el sagrado entretenimiento: ponte a hacer camas, compra de víveres, convenios de gustos de unos y asco de otros, en fin, ese casi nada de disfrute que van a tener mis buenos amigos hasta que sus padres tomen las suyas, y vengan, también, al hogar paterno, a complementar la dulce y armoniosa convivencia familiar, tan deseada todo el año.

Decía Jesús en el evangelio 'dejad que los niños se acerquen a mí'; y sin cambiar nada, ni hacer exégesis que lo contradiga, habría que añadir 'un ratito'. Tenía yo un compañero, bueno como el pan, que, en cuanto se veía rodeado de gente menuda, invocaba la presencia de Herodes, como si de un sortilegio se tratara. ¿Quién, a cierta edad provecta, está capacitado para soportar una hora con el vaivén y algarabía de semejante tropa? 'Demasiado ruido, mi querido Mozart. Demasiadas notas', decía el archiduque Fernando, cuando escuchó las Bodas de Fígaro.

No siempre se está preparado para lo sublime, que todo tiene su tiempo, y su edad, sobre todo. Decían de un finado: ¡Pobre hombre, sin duda ha ido al cielo!; pero a él no le gustaba Dios. Que Dios me perdone, pero esto ocurre con la delicia de los nietos, el desayuno, la comida, la merienda, la cena, la ropa, la piscina y los amiguitos, que son, también, un cielo. Es mucho más llevadero veintinueve segundos de entrevista con el presidente Biden que llevar a cabo este ministerio de vacaciones familiares.

Mis padres, que gustaban mucho de la compañía de los nietos, y se hacían querer por su apacibilidad y buena sintonía de carácter, así que terminaban su estancia y veían que se marchaban, con grandes aspavientos y manitas al aire, diciéndoles adiós, exclamaban los dos a una: ¡tanta paz llevéis como descanso dejáis! Porque lo cortés no quita lo valiente. No es malo que los abuelos gocen de los nietos y éstos se alimenten de la sabiduría añeja de quienes la trasmiten hasta por esporas; lo insufrible viene de aquellos que pretenden dejarlos, además, con obligaciones de ley Celaá y lenguaje inclusivo, inclusive. No faltará algún nuero o yerna que, después de haberles endilgado todo el mes a las criaturas, venga con ademanes remilgados de ciudadano londinense a recriminarles la mala gramática que les han imbuido a los pollos ¡Vivir para ver! Ya se sabe, unos abuelos sin nietos están incompletos hasta que vienen a casa. Después están acabados.

En esta guerra familiar -entiéndaseme el paradigma- la batalla ha de ganarse a fuerza de maleducar a los nietos. Abuelos, levantaos contra la disciplina familiar, atrincheraos en el desván de vuestros castillos y, en juego de adarga y pica, destrozad la buena instrucción del colegio más elitado; derribad las dietas sanas y las horas complementarias que les han esclavizado todo el año; reíros de las caries y dadles todas las chuches que les apetezcan; proporcionadles todos los caprichos que tengan y consentidles los disfrutes y todo aquello que los padres les prohíben: si han de comer con las manos, que lo hagan; si se han de ensuciar, que no importe, y si al hablar tocan el lenguaje escatológico, que tanto les gusta, reídles las gracias y desternillaos con ellos por los suelos. Contravenid las normas horarias y escribid con ellos la historia mejor contada con la política de la connivencia, hasta que todos los planes educativos se destrocen en la témpora del estío. Quizá de este modo y, ante el asombro de vosotros mismos, logréis que, bajo el enfado hipócrita de sus educadores, os los vuelvan a dejar otro año más, en las mismas condiciones, o peores. Felices vacaciones ¡San Joaquín y Santa Ana os protejan en este 'procés' de repercusiones insospechadas!

*Post data: Donde digo 'nietos', léase también 'nietas'; donde 'abuelos', también 'abuelas'. Y perdón por ser tan inconstitucional.

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