Análisis

Fran Pereira

Bulería, bulería...

La Bulería ha acertado con su cambio de fechas, pero sigue siendo demasiado larga

Como suele ocurrir cada año cuando se hace balance de la Fiesta de la Bulería, palabras como éxito o satisfacción vienen como anillo al dedo para expresar, desde el punto de vista político, lo que ha ocurrido en la última edición.

Pero lejos de las medallas políticas, no estaría mal que se hiciese un análisis de su actual formato y no quedarse en eso que está tan de moda ahora, el impacto, un término muy utilizado por la casta que nos gobierna pero que no deja de ser un elemento efímero en su contenido. ¿Rigurosidad? Vayan ustedes a saber, pero de la misa, la mitad.

Por tercer año consecutivo, el Ayuntamiento ha defendido la propuesta iniciada en 2016, la de tres días, y que ha continuado en 2017 y 2018. Eso sí, alternando los espacios entre Alameda Vieja y Alcázar.

Pero, ¿merece la pena este cambio? Si analizamos estas tres ediciones, comprobamos que en cada una de ellas sobra un día. Sobró en 2016 con aquellas 'Casas cantaoras' que de no ser por los autobuses que llegaron desde localidades como Mairena o Utrera se hubiera rozado el ridículo en cuanto a público, y sobró en 2017, con un supuesto homenaje a Camarón de bajísimo nivel y que apenas congregó público.

Este año, por mucho que se quiera decir lo contrario, el invento de homenajear a Japón también pinchó en hueso.

En cambio, sí han tenido una buena acogida la apuesta por los más jóvenes de 2016 y 2017. Ahora bien, usar aquello de jóvenes tiene su caducidad, primero por la edad y lo que se entiende por joven, y luego porque las generaciones futuras, si queremos un mínimo de calidad, necesitan tiempo para curtirse, no es cuestión de sacar jóvenes año tras año. No por nada, sino porque no hay.

Este año, y aunque se ha vuelto a vender como joven, fue Curro Carrasco, bien entrado en los 40, el encargado de dar forma al montaje. Y lo bordó.

Seguramente es la idea, o al menos es lo que yo pienso, otorgar dinero y tiempo a un grupo de artistas para desarrollar un auténtico espectáculo y ofrecer algo que vaya más allá del clásico festival de verano, a mi juicio, obsoleto, por lo menos si hablamos de la Bulería, un evento con medio siglo de vida.

Eso y quitar días, porque esta visto que seguir apostando por los tres, bajo este mismo formato, es deficitario.

En lo que sí ha acertado de pleno el actual equipo de gobierno ha sido en la modifiación de las fechas. Adelantar la Fiesta a final de agosto ha abierto un abanico de posibilidades que no daba septiempre, y ha conseguido captar y ganar a un público que va más allá del meramente jerezano y que, harto de escuchar siempre lo mismo, dejó de ir a la Plaza de Toros.

Ahora bien, lanzar las campanas al vuelo por meter, supuestamente, 5.000 personas en tres días en la Alameda Vieja, no es lo más correcto, sobre todo si echamos la vista atrás y vemos que la Fiesta reunía a ocho y nueve mil personas en una sola noche. Contentos pero sin presumir, que diría Luis Aragonés.

Pero dentro de esta edición no hay que pasar por alto otro dato llamativo, el presupuesto. En su presentación, el Ayuntamiento cifró el presupuesto de dicha edición en 240.000 euros, una cantidad que la convertía en la más cara de la historia.

Ahora, en el balance de ayer, el presupuesto ofrecido por la delegación de Cultura y Fundarte es de 162.000 euros. ¿Qué ha pasado? ¿Dónde han ido a parar los 78.000 euros restantes?

En una época en la que se habla tanto de transparencia, no se entiende que un presupuesto, que debe estar perfectamente fijado para realizar un evento de este calibre, tenga ese desfase tan grande. Explicaciones no se han dado, y lo único que se sabe es que, si restamos los casi 58.000 euros que según el Consistorio se obtuvo con la venta de entradas, al Ayuntamiento le ha costado esta edición 105.000 euros.

Supongo que alguien, aunque sea en uno de esos plenos tan esperpénticos de los últimos meses, pedirá explicaciones a todo esto. Mientras, quédense con un dato, el Caló Flamenco termina con un déficit de 150.000 euros. En fin....

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