Análisis

antonio morillo crespo

Debajo de un pino

Cuentan que Isaac Newton (1642) estaba un día descansando debajo de un manzano y vio caer al suelo una manzana y el hombre, que era muy listo, descubrió la Ley de la gravedad. Yo (2018) estaba el otro día debajo de un pino y, sin ser tan listo, descubrí la Ley de la Paz y la Concordia. Él dijo que la gravedad, la fuerza con que se atraen los cuerpos, es directamente proporcional a sus masas e inversamente a sus distancias. Por eso la Tierra no cae sobre el Sol y la Luna no cae sobre la Tierra. Y por eso nosotros no salimos volando, sino que caminamos tranquilamente y es más, si se cae una maceta desde una azotea y tu pasas por allí, te puede esquilmar la cabeza.

Pues yo descubrí, que el pino se lleva bien con sus otros compañeros pinos y juntos todos y ordenadamente izan sus copas hacia arriba buscando la luz del sol, sin pelearse, y entremezclan sus ramas en armonía hasta con pasión, en un equilibrio tan sencillo y tan práctico que causa admiración. Y todo en razón directa a sus distancias y a sus masas arbóreas. Sus troncos se retuercen, se curvan, y sus ramas se abren paso educadamente unas con otras. Y todos echan piñas y todos se zarandean con el viento limpiándose de las hojas caducas. Eliminan el carbónico tóxico y exhalan oxígeno. Y prestan sitio y cobijo a los pájaros que anidan en sus copas. Y, sobre todo, dan un frescor y un placer de ensueño al hombre que se cobija a su sombra. Son un ejemplo de paz y concordia. ¡Qué cosa tan sencilla y qué ejemplo dan estos pinos a los humanos!

El pino (pinus pinea, pino piñonero) forma parte de una pinaleta, cada pino como si fuera parte de una región y ninguno quiere separarse de los otros. Pensaba que el de la esquina podría ser el catalán y los demás pinos se reían de su arrogancia y egoísmo, porque quería dejar la pinaleta donde todos gozan del mismo suelo, de los mismos vientos, y juntos han gozado años y años de la misma historia común, aquellos días en que el labrador los sembró en los arenales del monte .

P.D. Apelo y pido a los profesores y estudiosos de la Física y de las Matemáticas para que concreten la fórmula de esta Ley de la Paz y la Concordia. Les prometo que cuando me den el Nobel, lo compartiré con ellos e iremos juntos a Estocolmo a recibirlo.

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