EL joven en cuestión es australiano y se llama Nathan. Ayer resultó cogido, volteado y pisoteado en el encierro de los Sanfermines. Su fallo fue colocarse en el interior de la curva de la calle Estafeta, aquel lugar donde, en su margen izquierda, la carne de toro se acumula a toneladas por efecto de la fuerza centrífuga. Dicen que el joven pensó que era un buen sitio: "Todo esto abarrotado de gente y ese sitio absolutamente vacío...". Y para allá que se fue saliéndole el tiro por la culata aunque, ciertamente, algo consiguió pues vio los toros más cerca que nadie. El percance del australiano Nathan me hace pensar en los sitios, en los huecos que la política deja libres y nadie acepta. Me dicen que últimamente hay curvas de Estafeta absolutamente vacías en muchas administraciones, tal ha sido el volumen de imputados por poner firmas donde no debían. Y , claro, si nadie firma nadie resulta cogido, pero hay que recordar que esas rúbricas son esenciales para que una ciudad, una comunidad o un Estado funcionen. Habrá que señalar mejor la 'curva'.

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