E L procedimiento seguido para que algunos enclaves del centro fueran declarados zonas acústicamente saturadas (ZAS) ha sido un desatino desde el principio; y lo peor es que aún no ha acabado. Una medida de tal calado se hizo sin consenso de las partes implicadas, de ahí que el gobierno aprobara primero una cosa y meses después intentara echarse atrás. Pero el Consejo Consultivo de Andalucía le ha sacado los colores. Básicamente ha dicho que el proceso que ha seguido para anular lo que antes aprobó no tiene sustento y que mantener la declaración requiere simplemente de "voluntad política". Ahora bien, lo que no está tan claro es qué quiere el ejecutivo sobre este asunto. Por eso no le ha quedado otra que aplicar su propio acuerdo y esperar a enero para hacer nuevas mediciones acústicas. Muy fino tendrá que hilar si entonces quiere anular las restricciones a los horarios y a la aparición de nuevos establecimientos en la plaza de Vargas y en San Pablo. Una parte y otra están ya preparados para exigir responsabilidades.

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