Sé que esta pequeña tribuna de opinión puede que no sirva de nada, no va a solucionar el problema, pero al menos me sacia mi derecho al pataleo y, quizás, alguien hoy diga: ¡qué razón lleva esta moza! Alguna vez les habrá pasado que han ido con muchas ganas a un concierto y se les ha colocado detrás la mosca cojonera que no para de hablar con su compañera, la otra mosca parlanchina. Pues bien, así me pasó, como le sucedió a las cientos de personas que fueron semanas atrás a disfrutar del Huercasa Festival en Riaza, donde, entre otros, actuaba Steve Earle. Fue en su concierto donde fui víctima de las moscas, de los patosos cacareantes que más que ir a escuchar música parece que iban a escucharse a ellos mismos. Hablaban y hablaban sin atender y sin dejar que los demás disfrutaran del momento para meterse en situación y amortizar el abono pagado y soportar el frío que pelaba en esos momentos. Seguramente ni sabían a quién iban a ver porque se hubieran callado ante su eminencia el señor Earle.

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