Análisis

Susana Esther Merino Llamas

Primero, Dios… luego, el hombre

La condición humana no discierne de la libertad de pensamiento entre la inteligencia y el raciocinio

Así es la forma en que debiera entenderse el orden de prioridades, porque si a este mismo orden lo denominásemos jerarquía, pudiera llegar a parecer que nos estemos refiriendo poco menos que al ámbito castrense (cuando realmente pretendemos hablar de algo mucho más alejado a ese aspecto).

Porque Dios, además de crear al hombre a su imagen y semejanza, también le concede esa capacidad o esa condición de querer buscar, conocer, explorar o hallar respuestas constantes durante el devenir de la vida. Es más, claramente está llamado a ello, cada cual, por supuesto, con los mimbres que el Altísimo le ha regalado. Hete aquí cuando la condición humana no discierne a veces, independientemente de la libertad de pensamiento, entre la inteligencia o el raciocinio que Dios nos ha conferido a través de su obra y Gracia y la supremacía de su poder.

Y es que llevamos viendo durante un año de enfermedad letal, cómo pretendemos saberlo todo, en definitiva, estar por encima de Dios. Tampoco me atrevería a afirmar que de manera consciente siempre, pero lo que se ve nítido como el cristal de una copa traspasado por los rubios rayos de sol, es que debemos saber el lugar que ocupamos.

En estos días previos a la celebración del Triduo Pascual, y volviendo al hilo de mi artículo anterior, es cuando El Señor nos está ofreciendo la oportunidad de que reposemos sobre la mansedumbre de su mirada o sobre el lirio de sus manos atadas. Debemos de confiar en Él, en su omnipotencia y en su omnipresencia, porque aunque lo contemplemos vejado, humillado, y escarnecido (que no deja de ser el espejo que Dios nos pone para mimetizarse más con nuestras miserias), es ahí, en ese mar de ultrajes que contemplamos en estas jornadas mientras nos recorremos Jerez de templo en templo, donde se halla la respuesta a tantas dudas, tantas preguntas y tanto sinsentido. Al ponerse el mismo Dios a nuestra altura, nos está diciendo que Él se reviste de condición humana para que lo tengamos presente de una manera, aún si cabe, más cercana. Pero, al mismo tiempo, con esa capacidad que se nos ha dado, hemos de ser conscientes de que no hemos de traspasar la barrera de creernos más que Él. Que no debemos, con nuestras actitudes, nuestro comportamiento o nuestro ansia por "querer ser cuasi seres supremos que todo lo saben", intentar colocarnos por encima de su poder.

No querramos jugar al "yo más que tú", aprendamos de su humildad porque, desde ella, seremos más grandes.

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