Análisis

Jose manuel moreno arana

Tras la huella de los Camacho (I)

La antigua calle Piernas vivió durante parte del siglo XVIII un intenso trasiego de piezas artísticas. Muchas salían, algunas entraban. Unas acabadas, otras sin terminar. Y entre estas últimas, tallas que esperaban ser doradas y policromadas para adquirir su definitivo sentido.

El centro de la actividad de la actual calle Guadalete por esos años lo constituía el obrador del Francisco Camacho de Mendoza. Su importancia hace que en torno a él sus dos hijos varones establezcan su morada y ejerzan su propia profesión. Ya se hablará de José, asimismo escultor. Recordemos hoy a Bartolomé Diego Camacho.

El que puede considerarse como uno de los nombres más prolíficos de la policromía jerezana del XVIII tuvo también su casa ahí, justo enfrente de la de su padre, en la esquina con Ídolos. El edificio, aunque muy alterado en fechas recientes y "enmascarado" por una fachada neoclásica decimonónica, conserva todavía milagrosamente en la casapuerta el azulejo dieciochesco con la primitiva numeración: "S. TIAGO N.º 604". El padrón municipal de 1778 demuestra que, en efecto, en ella vivió el dorador. Sin duda, allí colaboró con su padre en diferentes trabajos, aunque sólo conste documentalmente que ambos coincidieron en el desaparecido retablo mayor de su parroquia, Santiago. De manera paralela, desarrolló una trayectoria independiente de su familia. Hay que citar el acabado polícromo del monumental retablo mayor de San Dionisio, obra de Agustín de Medina y Flores, o su labor sobre retablos hechos por otra de las más importantes estirpes de retablistas y escultores de la zona, los Navarro. Sirva como ejemplo su intervención en el retablo de San Juan de Letrán y sus deliciosos motivos chinescos.

Este 2021 continuaré reivindicando el legado de Francisco Camacho, en el que sus hijos juegan asimismo un papel nada desdeñable.

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