Andamos estos días por el Diario montando (más bien montan para nuestro disfrute) un belén que rompe todos los esquemas. Es diferente, repleto de esas figuras que todos, en alguna que otra ocasión (ya haya sido para jugar o para recogerlos del suelo) hemos tenido en las manos. Ayer, un pequeño se pasó por la Redacción y sus ojos se abrieron como soles cuando vio, ante sí, el despliegue de clicks que se presentaban ante su mirada. Fue, cómo decirlo, la prueba del algodón, la prueba del click. Con tan sólo ver su gesto llegué a la conclusión de que el belén es un verdadero pelotazo. Y es que mezcla en un conjunto una parte de la esencia de nuestra infancia y, además, despliega ante nuestros ojos situaciones conocidas, históricas y literarias en un guiño apto para mayores. En cuanto abra sus puertas no se lo pierdan. Acudan. Échenle una mirada detallada y alucinen. Ayer mismo, como les dije, pasó la prueba del click, que es como la del algodón pero sin mayordomo y con un pequeño experto de por medio. Y éste era de los duros.

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