Tribuna libre

Elisa Constanza Zamora Pérez / Profesora De Lengua Y Literatura

La Academia y Vicenta Guerra

LOS poemas de la obra 'Breverías' de Vicenta Guerra brotan como una fuente espontánea y sencilla, nos evocan ecos de los cantares anónimos. En sus versos hay fondo y forma, sutiles bellezas y cierta 'jondura'. Su poesía es un homenaje al pueblo, gran poeta anónimo. Leyendo este libro se pone de manifiesto, una vez más, que somos hijos e hijas de una cultura y ésta nos mece, nos acuna, nos regala sus ritmos, sus imágenes y se nos entrega, para que sigamos amasándola, paladeándola y cómo no, haciéndola nuestra. Y eso es lo que esta poeta jerezana ha hecho siempre, magistralmente.

Su poesía está apegada a una geografía local, Jerez, pero trasciende el localismo, porque también es sentenciosa y busca el sentido de la vida y así, se hace universal. Sus versos se construyen con palabras llenas de ritmo, que se entrelazan con matices sociales, pues a Vicenta Guerra le duele la injusticia y posee una profunda hondura humana.

Cuando leemos los versos de 'Breverías', notamos ese linaje popular que nos es tan cercano, pero a la vez se impone la mirada y la maestría de la poeta que se entrega en cada palabra con el poder de la verdad, expresada con belleza.

Las raíces populares de su poesía beben en los ritmos del pueblo y de ahí, como hicieran otros poetas, nace su amor por la rima asonantada y el ritmo ágil del romance. Esta maestría, no siempre de fácil manejo, fue destacada por el mismo Juan Ramón Jiménez, quien en sus 'Cartas literarias' reconocía la dificultad de los poetas cultos para cogerle "el corazón al pueblo". A través de estos ritmos, Vicenta Guerra hace palpitar temas presentes en la tradición literaria tanto popular como culta: la angustia por el paso del tiempo, la soledad, la amistad, el amor, la paz, con los que intenta responder a las preocupaciones del ser humano.

Es un privilegio escuchar los poemas en boca de la autora, en donde encuentran la modulación precisa, el acento certero y es éste, un acto de comunicación privilegiado, porque comunica estéticamente en la voz que los dijo por primera vez, la voz de la autora de Breverías.

Y eso es precisamente de lo que se pudo disfrutar el pasado martes, en la Real Academia de San Dionísio de Jerez de la Fontera.

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