Su propio afán

Desastre total

¡Qué insólito dominio de la yuxtaposición caótica de ideas y qué vanguardista ausencia de signos de puntuación!

Apesar del título exacto, no voy a hablar de la política española. El desastre fue mi artículo de ayer. Que no era mi día tuve que haberlo sospechado cuando, aprovechando la lluvia en el ventanal, me hice un selfie leyendo. Vamos a ver: un selfie ya es bastante grave, pero… ¡leyendo! Eso es que uno no está ni leyendo ni viendo llover ni nada. Tuve que haberme alarmado.

Por la tarde tenía tutoría de mi hijo y otras gestiones urgentes y corriendo corregí el borroso borrador borrascoso que había dejado pergeñado por la mañana, y mandé el artículo. El día fue de mal en peor, y me acosté derrotado, con un frío físico y metafísico. A la mañana siguiente iba a ser aún peor. Abrí mi artículo para echarlo a pescar por las redes sociales, descubrí, con espanto, que había mandado el b. b. & b. (borrador borroso y borrascoso), y no la versión repasada por la tarde, que olvidé grabar.

Supongo que el redactor que recibió mi artículo pensaría que estaba más espeso que de costumbre, aún, y no le faltaba razón, desde luego. Lo mismo pensarían ustedes. Quizá mis mejores amigos se dijesen: «¡Qué insólito dominio de la yuxtaposición caótica de ideas y qué vanguardista y rompedora ausencia de signos de puntuación!» ¡Qué buenos son los amigos!

Es la primera vez que me pasa un desastre de estas dimensiones, aunque he tenido pesadillas con esa posibilidad desde que empecé a escribir aquí. Ahora he dudado entre correr un tupido velo o pedirles disculpas. No soy yo mucho de velos tupidos, la verdad, y prefiero decirles que no intenté jugar con la sintaxis en la praxis. Fue un despiste y les pido disculpas explícitas.

Optimista nato, sin embargo, pienso que el desastre tiene ventajas. Seré más cuidadoso en el futuro. Quizá deje ya de tener pesadillas. A lo mejor sirve para que algún aspirante a columnista se haga una idea del horror que es la redacción primera de cualquier artículo. Hay escritores noveles que se desesperan porque todo les sale mal, y no saben que la clave estará en las correcciones.

Por último, tampoco estoy desolado del todo porque el artículo corregido apenas era correcto. Parece más honroso, cuando algo va a salir pasable, que salga fatal. Por horror a la mediocridad, y porque me permite (el tema era importante) intentarlo otro día. Para que las cosas mejoren a veces tienen que empeorar mucho antes, y eso sí que podría aplicarlo -optimista nato- a la política española.

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