HABLANDO EN EL DESIERTO

Francisco Bejarano /

España en su laberinto

La complicidad del socialismo español con el crimen organizado no debería asombrar a nadie, salvo en un punto: según la historia del siglo XX, cuanto más parecidas son dos ideas políticas, más irreconciliables se muestran. Vean la guerra a muerte entre fascismo y comunismo o, dentro de este último, la persecución sin tregua y hasta el exterminio entre las distintas sectas comunistas. La conversión del socialismo y su rama comunista a la democracia occidental nunca pudo ser sincera, pues los dejaba sin sus armas tradicionales: el terror, la violencia, la mentira, la abolición de las libertades y la destrucción de la democracia, y sin ellas es imposible fundar un régimen fascista o socialista, que vienen a ser lo mismo, donde la gente se haga la ilusión de ser libres y de gobernar con su voto. La democracia fue una modernidad creada por el liberalismo conservador. El socialismo romántico, padre de todas las dictaduras del siglo XX, pensó que el sufragio universal le daría el poder, pero no tardó en saber que el pueblo sencillo es conservador y no quiere novelerías ni experimentos utópicos.

También el vagaroso movimiento 15 M ha traído a las mentes del socialismo sus orígenes y la nostalgia de los buenos tiempos involucionistas. La 'democracia real' no sería la democracia, sino otro sistema, otro régimen, el socialista y solo para los socialistas sinceros. Por ese hilo se llega igualmente al ovillo fascista y nazi. Las asambleas en las plazas, los votos a mano alzada y los comisarios políticos tomando nota de quién, y para qué, la levanta o no, parece más democrático que una fría urna y el secreto de las conciencias. Cuestionar a los partidos políticos, como hace el terrorismo nacional e internacional y los más inconscientes del 15 M, es lo ortodoxo: la única idea política con superioridad moral para ganar elecciones es la socialista, por tanto es la única que debe presentarse a las elecciones. El crimen institucionalizado etarra se ha apresurado a tomar para sí estas reclamaciones del 15 M y los socialistas de España los han seguido, dándose un golpe en la frente al caer en la cuenta de su distracción.

Dejar España esquilmada y en las lindes de muchos peligros, incluido el de la propia existencia de la nación, es parte de la estrategia política de este socialismo: si el mal ha durado mucho, ahí está Cervantes para ilusionarnos por boca de Don Quijote, el bien debe estar cerca y hay que intentar ganar las elecciones; si el mal empeora, ahí está Zorrilla, España quedará imposible 'para vos y para mí'. Ganancia segura en ambos casos. No es que no lo supiéramos, lo que ha ocurrido es que pensábamos que la conversión del socialismo a la democracia era sincera y nos ha cogido desprevenidos. Nos ha pasado como con los moriscos, falsos cristianos que le hacían señales a los piratas berberiscos para que saquearan nuestras costas.

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