Metidos de lleno en la Cuaresma, es tiempo, además de lo principal que es la espiritualidad que representa, de presentación de Carteles sobre la Semana Santa. Ya apareció el oficial del Consejo de la Unión de Hermandades que poco va a aportar a la historia de la cartelería jerezana - y bien que lo siento por la imagen y por la Hermandad que ilustra -; toda vez que se trata de una obra más que discreta, con escasa emoción pictórica y que dice poco de la gran Semana Santa que estaría obligado a convocar. A partir de ahora, llegarán esa cantidad de carteles que, en los últimos años, nos acostumbran hermandades, empresas, asociaciones de vecinos, comercios y todo tipo de instituciones, casi siempre para no aportar absolutamente nada a este tipo de asuntos y que, a veces - muchas veces - sólo hacen sonroja y descubren las escasas luces de los que convocan o encargan tales obras. Contemplen ustedes algunos escaparates de los comercios y, si no se dejan llevar por el lógico cariño que puedan sentir por las imágenes que representan, constatarán lo que les escribo. Fotografías que ilustran lo mismo de siempre o, lo que es peor, intentan ser originales y no participan nada más que carencias, así como pinturas de más que dudosa calidad que ni siquiera intentan parecerse al modelo que quieren imitar y que dejan muy a las claras que en esto del Arte existen muchos advenedizos, muchos osados y hasta alguno falto de razón. Claro que este tipo de esquivas aventuras artísticas no sólo es patrimonio de la Semana Santa. Acuérdense ustedes de muchos carteles e ilustraciones que han ordenado - o lo que sea - las farolas de nuestras calles con motivo del Congreso de la Caballero Bonald o de los actos de la Feria del Libro, con obras que, salvo mínimas excepciones, plantean una paupérrima realidad.

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