Cambio de sentido

Carmen Camacho

'Excuelas'

LA falta, casi delito, de ortografía en la portada del documento intitulado Campaña de Excolarización que la semana pasada presentó la delegada de Educación de la Junta en Córdoba, Esther Ruiz, más que un tachón pone el acento en la sílaba tónica del problema, agudísimo, de la enseñanza pública en España. Lejos de denostar la labor diaria, delicada y profunda de maestros y profesoras -en pocas profesiones se juntan tanta paciencia y vocación-, lejísimos de recelar de estudiantes, lejos incluso de afear ítem por ítem los pobres resultados obtenidos en los informes PISA, vengo, si no a negar la mayor, por lo menos a cuestionarla: me pregunto por la derrota, en todas las acepciones que tiene esta palabra, de las instituciones públicas para la educación en nuestro país. Me pregunto por las políticas y bases que en la actualidad fundamentan eso que antaño en mi pueblo llamaban "la escuela".

Porque no es lo mismo educar para hacer personas dignas, realmente libres y autónomas que para hacerlas triunfar social y económicamente, como no es lo mismo enseñar a ser ciudadanos que súbditos de gobernantes. Porque enseñar a competir es lo contrario de enseñar a colaborar. Porque no es igual el saber desinteresado que el exclusivamente instrumental, fragmentado y desapasionado, paradójicamente menos útil que el otro. Porque una cosa es enseñar deleitando y otra tener que andar divirtiendo a la muchachada. No es lo mismo mirar a un alumno que a un indicador de la OCDE. Ni entender el francés que a los franceses, ni aprobar sin motivo que suspender con él, ni Juan de Mairena que Milton Friedman. Ni que la maestra regrese a casa felizmente agotada de bregar con sus alumnos que de rellenar papeles de burocracia. Ni indignarse con esta Europa conociendo su historia que andar neciamente satisfecho en este mundo. Como no es lo mismo pretender que en la escuela se impartan materias desprovistas de valores que tener claro que el primor al tomar unos apuntes o la admiración por el profesor o la compañera son de hecho pura educación para la ciudadanía.

Hace unas semanas, las Reales Academias españolas urgieron a un pacto de Estado contra los vaivenes de la educación, zozobrada por reformas, contrarreformas, la burocratización y el detrimento de la cultura humanística. El acuerdo firmado por PSOE y Ciudadanos incluye alcanzar un pacto social y político en este asunto. En sus principios y sus fines nos jugamos el futuro. O el ex futuro, quién sabe.

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