Cada vez somos robots. Y robotas. Nos están controlando por todos lados. Estamos siendo teledirigidos. Y quien no quiera verlo es ciego, sordo, inmoral o pasota. Lo de las primarias es un claro ejemplo. Lo de las noticias falsas otro. Por no hablar de los rumores intencionados. De los bulos sin sentido. O los desmentidos de desmentidos ya hechos. La digitalización de la sociedad y la facilidad para crear opinión desde la nube es mortal y nos está abocando a un callejón sin salida pues o entramos en ellos o nos mantenemos alejados con el inconveniente añadido de la falta de habilidades sociales para estar al día. Estamos asistiendo a un momento histórico crucial en el devenir de la sociedad de principios del siglo veintiuno ya que el bombardeo continuo de información, noticias, hallazgos, comentarios, twitteres y demás contenidos de los que recibimos a diario están creando un mundo nuevo. No en vano, los medios de comunicación de toda la vida se están quedando obsoletos. Los periódicos ya no sirven ni para colocarlos en el suelo cuando pintamos. Sobre todo, porque no tienen capacidad de absorción. Los transistores no tienen cobertura ni piezas de recambio. Sobre todo, porque no vemos los ojos de quienes nos hablan. Y a los denominados visuales hay que darles de comer aparte. Cuando sólo veíamos la 1 y el UHF podíamos elegir y con garantías. Ahora tenemos cientos de mandos a distancia en nuestra mano pero no somos quienes apretamos el botón porque estamos a expensas de los dirigentes de las plataformas, de los grupos de opinión y de los hackers, que con sutileza nos cuelan ventanas informativas por el androide. Sólo hay que esperar sentados y, como decía San Agustín, ver pasar los cadáveres por delante de nosotros. Sobre todo, por pensar con conocimiento de causa.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios