Desde mi córner

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

Lamentables e incomprensibles sucesos los de Jerez

Los hermanamientos de ultras para un frente común tendrán en breve funestas consecuencias

Nunca jamás tuvieron problema alguno los béticos en Jerez. Ni cuando se iba al estadio Domecq ni cuando tocó jugar en Chapín, recinto que, incluso, fue el elegido por el club para algún obligado exilio. Por ejemplo recuerdo un Betis-Éibar a principio de los noventa que se jugó en Chapín sin incidentes de ningún tipo. En Jerez sólo tenían problemas los cadistas por aquello de la rivalidad mal entendida a causa de la cercanía geográfica.

Jerez se consideraba tierra de acogida para el fútbol sevillano, tanto que también el Sevilla eligió en más de una ocasión Chapín para un exilio obligado por el Comité de Competición. Así estaba todo hasta el sábado, hasta un día ya considerado funesto por lo que significa de retroceso en una convivencia que no debiera haberse emponzoñado de esta manera. Capuchas para mantener la impunidad, bates de béisbol, veladores por los aires, padres aterrorizados con hijos pequeños...

Una salvajada en regla y una pregunta en el aire, ¿por qué ese comportamiento en un lugar donde nunca pasó nada parecido con el Betis por medio? Buena pregunta, ¿no? O mejor esta otra: ¿Qué pendencia guarda el Xerez con el club que lleva los colores de la región común? Pues la verdad es que no manejamos que existiera una enemistad entre azulinos y verdiblancos, por lo que los sucesos del sábado por la tarde en Chapín resultan difíciles de comprender.

Y entonces surge una pista, la de una moda de no lejano cuño por el que hay aficiones que se hermanan y, en su vandalismo, forman un frente común para colisionar con la facción más salvaje del club odiado. Por ahí empiezan a comprenderse estos tipos de salvajadas, pero es que lo de Jerez no fue una lucha entre grupos ultras, sino la cobarde agresión a unos aficionados o unas familias que habían ido a un partido veraniego de su equipo. Pues vaya qué excursión más aciaga.

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