Jerez íntimo

Marco Antonio Velo

marcoantoniovelo@gmail.com

Lodos, Pepe Gotera, playas, cofradías y Newton

Alfa: Prefacio cautivo y desarmado. A mitad del vacío surge la turbamulta. Y ruge la marabunta… en esta selva de valses biselados según la trompetería orquestada por Pablo Iglesias. Cuando observo a los españolitos que habéis venido al mundo no para enzarzaros a mamporros durante las manifestaciones de esta pandemia tan desgajada de ideologías, se me viene a la mente y a las mientes no sólo el garrotazo y tentetieso de Goya sino los lodos de ese catastrófico oxímoron denominado Memoria Histórica (acunado al albur y al arrullo de Rodríguez Zapatero -el mandarín incentivador de buena parte de la gresca social en la que anda metida, de hoz y coz, esta contradicción invertebrada que dimos en llamar España-). No es apunte marginal ni nota a pie de página. A nadie le silben los oídos. Pablo Iglesias trota a lomos de piafante corcel mientras los ciudadanos del país pasean a distancia expuestos a los avatares de la noche más larga. Iglesias cultiva por control remoto el bronco divide y vencerás de la ganancia de pescadores. ¿Nos sentimos ahora más que nunca víctimas de un aparato represivo o son tontunas que asestan mi sesera quizá por el imperioso calor de esta fecha sin geometría? El Gobierno o desgobierno de nuestra nación es un zipizape descolorido. Un zipizape donde por vez primera Pedro y Pablo no pican piedras. Yo, desde chavea, siempre preferí a Mortadelo y Filemón en detrimento de Pepe Gotera y Otilio, ¡chapuzas a domicilio!

Beta: Cambio a escape el tercio. Los andaluces perdonamos cualquier suerte de confinamiento menos el que afecte a la conciliación -y al bizarro reencuentro anual- con nuestras playas -que parecen repeinadas por un rastrillo de turrón-. Edén de idealismo y antropología. Nos oponemos con uñas y dientes al cierre de esta lontananza de cielos que no perdimos (puro Romero Murube). Nuestras (incluso atávicas) razones nos asisten. Las playas son un asidero de igualdad social para cuya objetivación no se precisa lucha de clases. Todos podemos campar a nuestras anchas -hoy, lo de anchas, por obligado/recomendado cumplimiento-. Aquí, sobre la lisura de cualquier playa, no habitan trabajadores del pueblo en estrechas viviendas de protección oficial ni vicepresidentes del Desgobierno en casoplones de kilométricos jardines. Mismo suelo, mismo techo. Respecto a las playas del sur del Sur no cabe el tonteo ni el tanteo ni el goteo ni el recuento ni la jactancia.Portémonos como Dios manda para así desplegarnos como la sanidad insta: a orillas del templo de Vicky el vikingo. Y de Fernando Quiñones. Y de Alberti y Pemán. “Sobre la limpia arena, en el tartesio llano por donde acaba España y sigue el mar…”. Lo escribió -ligero de equipaje- Antonio Machado.

Gamma: Oigo una genialidad en el programa de radio televisada que conduce el hermano y compañero Jesús Lucena -cuyo nombre, ‘Luna de Nisán’, tanto aviva recuerdos infantiles de Antonio Gallardo en negro sobre blanco y nostalgia del ejemplarizante cofrade Pedro García Rendón (¡gracias Ezequiel Simancas por tu mención al tío Perico!)-. La genialidad a la que aludo corresponde a la entrevista que tanto Jesús como Pedro Larraondo realizan al capataz sevillano -tan sabio en su camino de vuelta de las verdades y las mentiras de las cofradías (jarto coles, diría Antonio Burgos) y tan apreciado asimismo en esta ciudad jerezana de nuestras entretelas- Rafael Díaz Talaverón ‘Fali Palacios’. Para expresar certezas como puños no se requiere ni el engolamiento de la voz ni la a veces fina ironía. Con el carburante de la frontalidad basta. Con el ‘venga de frente’ de la honestidad sobra. Sin dañar a ningún quisque sino todo lo contrario. Fali Palacios es el trívium de la costalería aliñada con la gracia de la experiencia personal. ¡Qué gran capataz -también del verbo- es Fali! Dijo el renombrado capataz sevillano y no refiriéndose necesariamente a la particularidad de la gente de abajo: “La persona que más ha sabido de cofradías de toda la Historia es Newton. Porque descubrió la Ley de la Gravedad. Es decir: que todo, al final, cae sobre su propio peso. Como pasa en el mundo de las cofradías”. ¡Y olé! ¡Qué conocimiento más profundo y más certero: en las Hermandades, “todo, al final, cae sobre su propio peso”! Para quitarse el sombrero, como hacía don Manuel Martínez Arce cada vez que pasaba, ante sí, la cofradía de la Coronación de Espinas.

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