No hay que rasgarse las vestiduras: al Valladolid le expulsaron a Nivaldo a los doce minutos y el Almería, jugando en casa, no fue capaz de marcar en los ochenta minutos que jugó en superioridad numérica. Cada uno cuenta la película como le va, y al Xerez le fue mal viendo el resultado.

Pero el 2-0 debe servir para más: para concienciarse de que hay potencial para pelear por la permanencia -el manejo del Deportivo pareció superior al del Mallorca- pero también de que en Primera lo que manda es la pegada. Que se lo pregunten al otro Deportivo, que tuteó al Realísimo en el Bernabéu pero que regresó con las orejas gachas a La Coruña. El Xerez no; el novato de la categoría puede tener la cabeza bien alta por su comportamiento pero sin olvidarse que el 'jugamos como nunca pero perdimos como siempre' no debería servir para lamerse las heridas mucho más tiempo, sobre todo cuando con uno menos la aportación del banquillo -Armenteros y Bergantiños- fue más que interesante.

Manos arriba, pero a aprender la lección porque arbitrajes así con un recién llegado pueden enfadar, pero no deberían extrañar demasiado. Más vale que los futbolistas aprendan a contenerse cuando tengan ya una cartulina amarilla, esto se juega con los pies -y el que pueda, con la cabeza- y no con las manos salvo el portero, sobre todo en los balones altos.

Total, que el estreno pasó con el Xerez dejando la impresión de haber merecido mucho más ante un rival que sólo fue importante en la pegada. Hay margen de mejora y de eso se trata porque ya se sabe, el que perdona paga. Y el Xerez pagó la novatada en Mallorca.

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