yendo al grano

Víctor Cantero /

Mística...

Sí, pero menos. Me refiero a la recién homenajeada sor María Antonia de Jesús Tirado, fundadora en Jerez de tan conocido colegio del Beaterio. Y digo lo de menos no por restar un ápice al matiz religioso y espiritual que conlleva el apelativo de místico aplicado a esta religiosa, lo digo porque sor María Antonia fue una mística con los pies en la tierra, con una visión muy real de por dónde se debían atajar los males de una población jerezana que en 1812 pasaba un sinfín de penurias. A esto le llamo yo carisma, lo califico como tacto social, capacidad para averiguar a quien de verdad le hace falta el socorro y la ayuda. ¿Y si volviera sor María Antonia se iba a encontrar con un Jerez muy distinto? En lo que afecta al progreso de la sociedad sí, pero en lo que concierne al número de personas que carecen de lo más elemental para su diario sustento, pienso que no. El verdadero reconocimiento trasciende los homenajes y los actos públicos. Me refiero al agradecimiento de las muchas promociones de jerezanos que ha pasado por las aulas del Beaterio. Saben el bien que las enseñanzas y orientaciones recibidas les han aportado. En un mundo en el que el dominio de lo secular prima en cualquier iniciativa social, no está de más que reparemos en el hecho de que el dicho 'haz el bien y no mires a quien' es de plena aplicación en este caso. Con la crisis que nos azota de nada sirven los distingos, los remilgos y los rechazos hacia quienes practican la caridad bien entendida desde una determinada formación religiosa. Hoy, como entonces, existen necesitados, jerezanos que demandan ayuda para atender a sus necesidades básicas, que no preguntan por la ideología de quienes les socorren, sino que agradecen las atenciones recibidas. Vivimos en el siglo de los necesitados, de los sin techo, de los olvidados, de los excluidos, de todos aquellos a los que el sistema los aparta porque no dan la talla. Muchos de ellos ya han dicho basta, y como muestra las movilizaciones del 15M. Ya está bien de que la parte más suculenta del pastel se la lleven los bancos, no aguantamos más que los efectos de la crisis los paguemos los mismos. Y mientras el final llega, tenemos que seguir confiando en que existan personas como sor María Antonia y se entreguen a la causa de los desfavorecidos sin esperar nada a a cambio.

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