La esquina

josé / aguilar

Nadie rechista a Mariano

LA ausencia de democracia interna y el carácter absolutamente jerarquizado y vertical de los partidos políticos españoles -y más, si están en el poder- ha quedado nuevamente de manifiesto en la reunión del comité ejecutivo del PP celebrada el lunes.

Estando pendiente la designación del cabeza de lista de las elecciones al Parlamento Europeo, era lógico pensar: ¿qué mejor ocasión que el encuentro del órgano que concentra a los máximos dirigentes del partido? Subrayemos que ya se ha nombrado al aspirante del PP europeo a presidir la Comisión de la UE, lo que Rajoy había puesto como condición previa para elegir al número uno de la candidatura española, y que el contrincante socialista ya había optado por Elena Valenciano hace un mes.

Bueno, pues entraban los barones territoriales del Partido Popular al comité ejecutivo bromeando sobre si habría fumata blanca y expectantes ante la posibilidad de que el presidente del Gobierno decidiera al fin anunciarles la buena nueva para que todos ellos pronunciaran el amén reglamentario, ovacionaran al ungido, o la ungida, y pudieran desarrollar los actos de la intensa precampaña que tienen preparados. Sólo les falta el nombre que irá en los carteles, pero el nombre no llega. Salieron del comité tal y como entraron, ayunos de conocer la voluntad de Rajoy y comentando que hay que ver cómo maneja los tiempos este hombre, con qué secreto, arbitrariedad y falta de explicaciones.

Rajoy repite la jugada, tan irrespetuosa con sus compañeros, que ya practicó con el nuevo liderazgo del PP andaluz, abortando por dos veces la operación diseñada por el líder saliente hasta que se abrió paso el candidato de su predilección (Moreno Bonilla). Con la lista europea probablemente ya ha decidido quién la encabezará, pero se deleita en reservárselo para él, quizás pensando en el mejor momento de anunciarlo si el elegido es un ministro y eso le obliga a sopesar si sustituirlo puntualmente o remodelar todo el Gobierno que le ha acompañado en la que supone peor etapa de la legislatura.

Si los partidos políticos funcionaran democráticamente, el comité ejecutivo del lunes habría sido el ámbito idóneo para debatir sobre los candidatos, analizar los pros y los contras de unos y otros y optar por el que pareciera más rentable electoralmente a la mayoría. Pero todo depende de una sola persona, que es, por cierto, quien los ha puesto a todos ellos en el comité ejecutivo. Así no rechista nadie.

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