La tribuna

Rafael Rodriguez Prieto

'Noconteisconmigo.org'

SE acuerdan del anuncio de atún? ¡Qué bien! Hoy comemos con Isabel. Pues parece que le han salido imitadores. En los últimos días se ha iniciado en los medios de comunicación una campaña financiada por dieciocho grandes empresas, cuyo fin, según dicen, es contagiar optimismo y fomentar actitudes positivas en la población. Esta campaña aparece publicitada en la prensa bajo el lema de esto sólo lo arreglamos entre todos. Luego le ponen el .org que viste mucho y además lo diferencia del atún.

Y yo sin saberlo. Los problemas de los españoles no son el paro, la deslocalización, las cláusulas abusivas en las hipotecas, el mileurismo, la subida de precios, el cierre masivo de pymes y así un extensísimo etcétera. No. La causa de todos nuestros males es que los españoles somos muy pesimistas y nos tienen que curar.

¡Qué fortuna tenemos! Operadores de telecomunicaciones que llevan años aprovechándose de su posición de privilegio o suministradores de energía que celebran la liberalización del servicio subiendo los precios en pleno invierno deciden compartir su nutrida cuenta de resultados con la plebe necesitada de redención. ¿Y qué me dicen de los bancos? A ésos sí que se les rompe el corazón cuando desahucian a una familia por no atender el pago de la sacrosanta hipoteca. Es que no sabemos apreciar lo que tenemos.

No sé muy bien, de todas formas, si el optimismo es siempre bueno. Muchos firmaron préstamos, con los que financiaron sobrevaloradas casas e incluso coches, en plena fiebre de alegría generalizada. Eran tiempos de jarana. Los bancos estaban rebosantes de optimismo y daban créditos sin parar con el fin de que todos los españoles pudieran endeudarse a gusto para el resto de sus días. Hoy conocemos las consecuencias de ese optimismo.

Y es que en esto del optimismo, como en todo, las clases son las clases. Se puede ser optimista con las pensiones que muchos de los directivos de esas empresas van a cobrar cuando se jubilen. O los bonos a los que bastantes de ellos tienen derecho, mientras se hacen recortes de personal o prejubilaciones o ERTE que todos pagamos. Es posible ser optimista cuando el Estado, es decir, los pesimistas, te saca las castañas del fuego.

Hace años, Doris Lesing escribió un magnífico libro titulado Memorias de una superviviente. Aunque ustedes no se lo crean, no refleja la vida de una de las muchas mujeres españolas que tiene que afrontar solas y con hijos las facturas que se amontonan en su el buzón. Pues bien, en ese texto Lessing afirma que el uso de formas impersonales es siempre un signo de crisis, de ansiedad colectiva. "Hay un abismo entre: ¿Por qué diablos tienen que ser tan incompetentes? Y "¡las cosas están muy mal!". Para la narradora el "ello" posee la acepción de algo vivido, como amenaza inmediata, que no se puede conjurar. La consecuencia de esa aceptación es la pasividad y el conformismo.

La crisis y su pesimismo son los perfectos ello de nuestro tiempo. Gracias a su machacona repetición en los medios se consigue incluso invisibilizar las causas por las que estamos en esta situación y, por consiguiente, a los que no sólo nos han conducido a la misma, sino además han hecho negocio con ello. ¿Quién tiene la culpa? La crisis. ¿Cómo saldremos de ello? Con optimismo. Juego, set y partido.

Así que ya lo sabemos. Los problemas en Haití, por decir un lugar que pronto va a pasar a ser de nuevo olvidado, no son parte de un sistema que propaga la injusticia a nivel mundial. No son producto de la colonización económica, ni de la explotación, ni de las penurias de todo tipo. No, el problema es que los haitianos son pesimistas. Que con un mismo terremoto en un país como Japón casi no suceda nada y en otro mueran miles de personas es una circunstancia trivial, como todo optimista sabe.

Los problemas que tenemos en España, con ser graves, palidecen ante el escenario de miseria, violencia y horror que nos rodea. El mundo real es un sitio donde te meten dos tiros por cinco euros y mueren más de 9.000 niños al día de desnutrición. Y es que la mayoría de las personas que habitan este planeta están en crisis desde el mismo momento en que nacen. Campañas populistas como las de reconstrucción de Haití no dejan de tener cierto matiz ilógico. ¿Cómo se puede reconstruir algo que lleva décadas sin construirse?

Tal vez, algún día nos animemos a señalar a los culpables, a los cómplices que dicen servir al pueblo, a los que provocan esta situación y que se benefician de este modelo injusto de relaciones económicas. Hasta ese momento, viviremos, como podamos, instalados en el ello.

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