Lo que diga Luis Suárez lo firmo sin mirar. Y cuando lo miro, firmo más convencido todavía. El tradicional abogado portuense y erudito del flamenco propone que la ermita de Santa Clara, hermosamente restaurada, se destine a Panteón de Portuenses Ilustres. De los más antiguos, quizá sólo pueda ponerse una lápida conmemorativa a cada uno, ya que, como explica Luis, "en tiempos de Luis Benvenuti, como concejal del PSOE se arrasaron muchísimas sepulturas y bloques de nichos, sin mirar quienes estaban dentro". Con el tiempo, que es muy suyo, ya podrían ir trasladándose portuenses ilustres a estrenar, que no han de faltarnos, ni ha de dejar la muerte de tratarlos como a los pobres pastores de ganados.

La grácil silueta de la ermita y su cercanía al cementerio hacen que la propuesta sea (con perdón) muy atractiva. Contribuiría, además, a dar más lustre a nuestro camposanto, que es bonito, pero chiquito, casi una parcelasanta. No sé si podría ampliarse con el amplio solar que ha quedado a su lado. A cambio tiene la ventaja de haberse quedado muy dentro de la ciudad. Eso hace que tengamos, entre rotonda y rotonda, un memento mori diario, y que, a poco que haya atasco, dé para una reflexión más barroca.

A algunos no les hace gracia el humor negro y habrán dejado ya de leer esta columna y a otros, tanta que se perderán la seriedad que yo (y Luis Suárez antes) queremos dar a este asunto. Porque tanto la cercanía de nuestros muertos más queridos como el ejemplo de los más ilustres y la veneración a unos y a otros son elementos esenciales en la existencia de una cultura y una identidad. Tendemos a olvidarlo últimamente con tanto aventamiento de cenizas, pero necesitamos tenerlos presentes. Son nuestras raíces.

Soy tan partidario de la propiedad privada (aunque casi nunca sea la mía) que cuando pasaba por la ermita recordaba que estuvo a punto de adquirirla como vivienda Luis Gómez, el bodeguero, y me daba pena pensar en esa pequeña Downton Abbey encalada a la andaluza que perdimos. Ahora, con lo de los muertos, he recuperado la esperanza (sic). Además, Luis Suárez propone que se traslade allí la Hermandad del Resucitado, con lo que se redondearía todo hasta teológicamente.

En cualquier caso, la idea de un pueblo capaz de rendir homenaje a sus muertos más ilustres me parece la forma más segura de saltar al futuro. Esto es, cogiendo carrerilla en lo más firme de nuestro pasado.

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