El desconcierto de la derecha tras las elecciones generales es palpable. Ha pasado una semana y no se pasa. Y se nos echan encimas unas triples elecciones (municipales, autonómicas y europeas) que se cargan de un dramatismo añadido. ¿Reflejarán o no ese desconcierto? ¿Se reforzarán las tendencias? ¿Reduplicarán la crisis?

Ya analizamos cómo reaccionaba el PP: buscando el centro otra vez. Eso le ha regalado aire a Vox que puede decir a sus votantes: «Si sois de derechas, ¿adónde vais a ir ahora?» Desde Vox explican con números y tablas Excel el resultado. No se superó (por muy poco) la barrera del 11% de los votos, a partir de la cual la ley d'Hont deja de abusar de los pequeñitos. Pero aun así, cuando se viene de la nada, dos millones setecientos mil votos -insisten- y 24 escaños son un hito, y defenderán unos principios y unos programas que nadie más.

Con todo, es innegable que en Vox había unas expectativas que no se han cumplido y muchos ánimos se han desfondado. Por eso esos argumentos objetivos y contables no terminan de revertir el desaliento. Lo subjetivo tiene que enfrentarse con lo subjetivo, y quizá habría que hacer un discurso más emocional, en la línea que aquellos que hicieron crecer las expectativas a alturas de vértigo, pero en sentido contrario.

Reconocer que todos nos llevamos por la euforia de unos mítines multitudinarios, pero que un país no se cambia de la noche a la mañana y que hoy toca prometer, con más realismo, «sangre, sudor y lágrimas». Esto es, no una llamada a la épica como paseo militar, sino una llamada a la épica como berroqueño convencimiento interior. El paso retórico de Abascal de llamar a la «reconquista» a llamar a la «resistencia» ya ha sido señalado por muchos como un cierto paso atrás. Yo diría que es un paso en la buena dirección: en la realista. Convendría dar otros.

El único problema que le veo al «sangre, sudor y lágrimas» es su acento inglés, que no sé si pega a los grandes reivindicadores de Blas de Lezo. Entonces he recordado el «polvo, sudor y hierro» de Manuel Machado, nada menos, sobre El Cid, encima, y que es muy anterior al discurso de Churchill, además. No sé si tanta intertextualidad poética funciona en marketing político, pero sí creo que a Vox le toca explicar que enfrentarse a una ideología tan imperante y un sistema tan intrincado requiere paciencia, pedagogía del programa propio y mucha, sí, resistencia.

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