El pinsapar

ENRIQUE / MONTIEL

Praga

Se ha construido el imaginario con un nombre, Aysha King; una palabra temible, tumor cerebral; Testigos de Jehová; huida de un hospital de Londres y refugio en la Costa del Sol; secuestro del niño enfermo por sus propios padres, descubrimiento del paradero a instancias de la Corte inglesa, internamiento en Hospital malagueño, Juez y Policía y, finalmente, Praga. Digo el tratamiento de la terrible enfermedad con "protones" en una Clínica de la Capital Imperial. 120.000 euros. O sea, estábamos llegando del precio del tratamiento de la Hepatitis C, que España no puede pagar, al parecer, y ahora nos toca de refilón este batiburrillo que no es más que la desesperación de unos padres por darle todas las oportunidades que puedan a su hijo enfermo. O sea, le pasa a su hijo o al mío, Dios no lo permita, y lo vemos morir arrasado por la radioterapia no protónica, o la devastadora quimio. Porque no lo "secuestramos" del hospital y lo llevamos a Praga vía Londres, donde hay una Clínica que posee el sistema de última generación que puede destruir el tumor de nuestro hijo antes de que el tumor lo destruya a él.

Este terrible drama ha puesto a Praga, que es la Capital Mundial de la Música y la Armonía, la ciudad dibujada, hermosísima, en el centro de la controversia. En Praga no sólo hay muchos auditorios musicales y uno de los más impresionantes Teatros de la Ópera del mundo, monumentos imprescindibles y el río Vltava, no sólo es la ciudad de Dvorak y Kafka, no es el referente de la revolución democrática aplastada por los tanques del Pacto de Varsovia, es la Ciudad de los Protones que curan el cáncer cerebral profundo, el que tiene este niño inglés, Aysha King. Vale 120.000 euros y por eso quizá los médicos ingleses se han amotinado contra sus padres, los padres de Aysha, que desesperados y esperanzados se llegaron a Málaga para vender una casa que allí tienen y destinar el dinero a la curación de su hijo. Pero soy injusto, no son los médicos ingleses, víctimas también en cierto modo de un sistema que no está dispuesto a esos gastos por una vida humana. ¿Cuántos casos se dan en el Reino Unido cada año? Ya da igual porque todos sabemos que un tumor cerebral profundo que sólo es accesible a través del tratamiento de protones tiene cura, sólo que se requiere un gran inversión en la maquinaria que activa el chorro de protones que destruye al maldito cáncer cerebral profundo. Me niego la demagogia, es innecesaria. Sólo pienso en Praga, la capital de un pequeño país maravilloso…

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