Dentro y fuera

Fermín Lobatón

Premios flamencos

Una de las consecuencias más palpables e inmediatas de la parálisis que sufre la Cátedra de Flamencología de Jerez desde la enfermedad y posterior fallecimiento de su presidente, Juan de la Plata, es la desaparición de los Premios Nacionales de Flamenco —también de la Copa Jerez—, que esa institución venía otorgando desde 1964 y cuya última edición tuvo lugar en 2012. Es algo que los aficionados hemos lamentado en ocasiones, porque esos galardones tenían un grandísimo prestigio: eran una de las distinciones que los artistas flamencos —y no solo ellos, también escritores, periodistas e investigadores— llevaban más a gala. Vamos, que tenían una incidencia muy positiva y eran de gran valor referencial dentro de lo que se denomina «Marca Jerez».

La propia desaparición de la Cátedra, todo un referente por su incuestionable trayectoria, sería igualmente otra de las cosas que incidirían negativamente en la imagen de la ciudad, pero no es esto lo que nos ocupa. Volvemos a lo de los Premios, porque entiendo que nos encontramos ante uno de esos casos en los que, por la inacción y la pasividad de quienes tenían que defenderlo, perdemos un valioso patrimonio, de forma cantada, ante nuestros ojos. Hará un par de meses que supimos del proyecto del ayuntamiento de San Fernando de organizar unos Premios Nacionales de Flamenco para los que decían contar con el apoyo de la Sociedad General de Autores (SGAE), la Radio Televisión Andaluza (RTVA), la Universidad de Cádiz y el Instituto Andaluz del Flamenco (IAF).

Los premios, se anuncian como «los Goya del Flamenco» e irían indisolublemente unidos a Camarón de la Isla, con una figurilla del cantaor isleño como reconocimiento y una gala anual al modo de otros galardones artísticos. La idea parece bien planteada, puedo sentir incluso envidia, pero como en todas las pérdidas, quizás una más para Jerez, la pena es inevitable.

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