Hablando en el desierto

FRANCISCO / BEJARANO

Protestantes

El Santo Padre de Roma abraza a los protestantes y celebra con ellos el V centenario de la Reforma luterana. Habrá aprovechado para hablar de la unión imposible de los cristianos y pedir perdón por algunos detalles pendientes desde hace 500 años: perdón por haber mantenido en catolicismo unido; perdón por dar libertad al hombre, después de predicarle el bien, para que elija el mal y se condene; perdón por no haber ayudado a Calvino en su utopía político-religiosa; perdón por no haber autorizado la anulación del matrimonio de Enrique VIII con Catalina de Aragón y no haberla condenado a ella por pertinaz y relapsa; perdón por no haber quemado a Servet en Valladolid cuando ya estaba pensando en meterse en los berenjenales de la Santísima Trinidad; perdón por la guerra de los Treinta Años; perdón por Trento y los eminentes padres conciliares; perdón por los mártires católicos en poder de los reformistas, que derribaremos de los altares; perdón por las misas de Mozart, por las pinturas de Rafael y por el Siglo de Oro español y sus protestas de catolicismo en grandes obras universales que todavía hoy son admiración y modelo para el mundo.

Los protestantes no solo dividieron a la Iglesia universal, sino que luego siguieron dividiéndose entre ellos y cayendo en las garras del poder civil. El catolicismo, por unido que haya estado en ocasiones a los poderes temporales, nunca lo estuvo del todo; por intolerante que haya podido ser, más por razones políticas que religiosas y en lugares concretos, siempre reconoció la libertad del hombre para elegir entre el bien y el mal. El perdón en el catolicismo es generoso; en el luteranismo, cicatero; el catolicismo ha sido siempre un escollo para los regímenes totalitarios; el luteranismo, muchas veces colaboracionista, hasta el punto de entregar la jefatura espiritual a los príncipes cristianos que lo apoyaron. No es universal, es nacionalista. Favorece las ideas utópicas y ha creado temporalmente sociedades asfixiantes. Todo lo malo del catolicismo póngase en un plato de la balanza, y todo lo malo de los luteranismos, en el otro, y comprenderán por qué las izquierdas radicales de España asaltan capillas hoy y quemaron conventos en el pasado. El Papa ha viajado a Suecia, una de las iglesias separadas más elegantes, para abrazar a los luteranos y celebrar con ellos la ruptura de la cristiandad. El descreimiento de Occidente hace simpáticas a las iglesias nórdicas con doctrinas muy parecidas a lo que sería un ateísmo espiritual, de ahí que haya tenido genios atormentados, Kierkegaard y Dreyer entre los más famosos, algo infrecuente entre los católicos. El ateísmo, espiritual o no, ha dado más episodios ridículos en la historia que la fe religiosa.

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