TRIBUNA LIBRE

Antonio Leal Jiménez

Publicidad y violencia de género

HAN pasado treinta años desde que el 25 de noviembre fuera declarado Día Internacional contra la Violencia hacia la Mujer en el primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y del Caribe que tuvo lugar en Bogotá. Se eligió esta fecha para conmemorar el asesinato de las hermanas Mirabal, tres activistas políticas ejecutadas el 25 de noviembre de 1960 en la República Dominicana. De forma unánime se denunció la violencia de género a nivel doméstico, la violación y el acoso sexual, incluyendo la tortura y los abusos sufridos por prisioneras políticas. En 1999 la ONU dio carácter oficial a esta fecha.

En torno a dicho día, todos los años se programan numerosos actos y campañas de publicidad sobre distintas formas de prevención y sensibilización para erradicar estos violentos hechos. Sin embargo, cuando finalizan las conmemoraciones, el tiempo va pasando y pronto todo parece quedar en el olvido.

Por nuestra parte, nos sentimos obligados a reflexionar sobre la eficacia de las campañas de publicidad que, durante años, se vienen realizando y que, sin embargo, parece que no logran evitar en gran parte una violencia intolerable, a pesar de los más de cuatro millones de euros que cada año se destinan a tal fin.

El informe sobre víctimas mortales de la violencia de género y de la doméstica en el ámbito de la pareja en 2010 realizado por el Consejo General del Poder Judicial, nos indica que: desde el año 2002 se han producido 555 víctimas mortales. Asturias, Canarias, Baleares y Andalucía son las comunidades donde más hechos se realizan. La edad media de las mujeres fallecidas ha sido 41 años. El 63% de las víctimas mortales mantenía convivencia con su presunto agresor. El 62% han sido mujeres de nacionalidad española, aunque las extrajeras aumentan notablemente. Respecto a los agresores el 59% han sido españoles y, entre los extranjeros, predominan los de nacionalidad marroquí.

La violencia contra las mujeres puede erradicarse desde la prevención y desde el rechazo activo de toda la población. Es preciso, por tanto, realizar campañas de sensibilización, para que ningún miembro de la sociedad continúe insensible ante un problema que afecta al conjunto de la comunidad. De esto tenemos que ser conscientes para educar desde la equidad y no desde la marginación.

La publicidad es un conjunto de técnicas, estrategias, y contextos de comunicación orientados a persuadir a las personas de algo o de la conveniencia de cambiar actitudes y comportamientos. El fin obvio de la comunicación publicitaria, en el caso que nos ocupa, es atraer la atención del destinatario hacia el anuncio, captar su interés por la idea, estimular su deseo y provocar una acción o una conducta en la dirección requerida.

El pasado 13 de septiembre se presentó la campaña contra la violencia de género bajo el lema 'No te saltes las señales. Elige vivir' (2011), cuyo objetivo es que tanto las víctimas como sus entornos sepan detectar las distintas manifestaciones de este tipo de violencia y actúen. Eslóganes como 'Tarjeta roja al maltratador' (2010); 'Ante el maltrato todos y todas a una' (2009); 'Ante el maltratador tolerancia cero' (2008); 'A la primera señal de malos tratos, llama' (2007) han sido propuestas de comunicación en los últimos años.

Cuando no hemos terminado de aprender un mensaje ya tenemos que asimilar otro distinto. Resulta pues difícil que las campañas resulten eficaces. Parece que los análisis de los procesos psicosociales que intervienen en el cambio de comportamiento no son tenidos en cuenta, tampoco criterios de segmentación y lo que aún resulta más complejo es que, cada comunidad autonómica, e incluso cada ayuntamiento, publicitan distintos mensajes. En todo caso, no parece que una persona que esté siendo víctima de violencia de género emocionalmente se encuentre en condiciones para reaccionar ante los mensajes de los anuncios.

Ni las formas publicitarias aplicadas hoy ni el cómo se utiliza la disciplina del marketing social contribuyen a solucionar parte del problema. Se necesitan nuevos pensadores que dominen conocimientos en campos de estudio de las ciencias de la información y la comunicación, de los medios de comunicación y de la comunicación organizacional en las instituciones, que sepan gestionar los públicos. Se han de crear nuevas reglas, nuevos foros de discusión que aporten soluciones eficientes y relevantes. Necesitamos métodos, formas, soluciones distintas y no sólo frases para acabar con esta lacra. En la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de nuestra ciudad hay mucho talento. Se hace necesario aprovecharlo.

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