Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Puentes rotos

Construir puentes y evitar el frentismo era la misión de Ciudadanos y fracasó por el arribismo y torpeza de Rivera

Cualquier fotografía que se dispare ahora mismo sobre la realidad política del país arroja una imagen de frentismo enquistado. Sea en el resultado de unas elecciones como las del domingo en Castilla y León, sea en discusiones parlamentaria como las que suceden en las sesiones de control del Congreso, sea en la votación de una ley clave como la que va regular un aspecto tan sensible para la calidad de vida como las relaciones laborales, la clave siempre está en el posicionamiento apriorístico al margen de cualquier argumento racional. Parece como si de pronto le hubiésemos cogido gusto a viajar en el tiempo y trasladarnos un siglo atrás.

Lo peor de todo es que no hay puentes. Y no los hay porque cada vez que se han intentado construir han sido volados. El último lo dinamitó Albert Rivera hace ya un puñado de años y todavía estamos pagando las consecuencias. Quizás porque hubo una sobrevaloración general de un personaje que fue inflado artificialmente y que explotó en cuanto la presión subió unos cuantos grados. Ahora, con su rocambolesca salida del despacho de abogados que lo contrató como mirlo blanco, ha quedado retratado como lo que, seguramente, siempre fue: un arribista con pocos escrúpulos y con mucha más ambición insana que cabeza.

Sería estúpido atribuir a Rivera la responsabilidad del ambiente frentista que se respira en España. Pero sí hay que convenir que Ciudadanos fue un intento serio de construir un puente que nos hubiera evitado mucha crispación y que, como derivada, habría moderado tanto al PSOE de Pedro Sánchez, hoy en manos de radicales y de separatistas, como al PP de Pablo Casado, hoy rehén de la derecha más extrema y montaraz. El puente que hubiese representado el partido naranja, con capacidad para llegar a acuerdos con unos y con otros, lo dinamitó la torpeza política de Rivera que condujo a su partido hacia la irrelevancia. Hoy sigue siendo necesario, pero nadie parece que se quiera poner a reconstruirlo.

En Andalucía la situación es la misma, pero es otra. Aquí Ciudadanos arrastra los mismos males que en el resto de España, pero con características únicas. Juan Marín ha estado toda una legislatura en la Junta haciendo lo posible porque no se notase ese papel de componedor que era el principal activo de su formación política. Todo lo contrario, ha hecho todo lo posible para mimetizarse con la derecha hasta hacer totalmente irreconocible la frontera. Y eso no pasa desapercibido.

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