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Carmen Calleja

Recuerdos

DICE alguna escuela de psicología que el pasado no existe, sino que su recuerdo es sólo parte del ahora. Lo que recordamos no es necesariamente lo que ocurrió sino lo que nuestro yo de hoy, con su circunstancia y condicionantes, revive. Puede ser. Pero a veces lo que se vivió retorna con una fuerza que pareciera revivido, situados en aquel entonces. Me lo comentaba una amiga. Hojeaba la prensa un sábado por la mañana. De pronto ve toda una página dedicada a entrevistar a una persona que no tenía ninguna relevancia pública. Por eso precisamente había sido entrevistada: el periodista venía sacando, con parlamento y fotos, a personas no conocidas; ciudadanos invisibles mientras otros se llevan el foco mediático. Hablaba el hombre de su infancia y juventud y de cómo en su casa de familia numerosa entraban muchos amigos de sus hermanos varones y una sola niña. Esa niña era mi amiga.

El pasado remoto se le presentó con una intensidad tal que pudo volver a sentir, no sólo a recordar, lo que en aquellos años agitaba su juvenil corazón. No había reparado, hasta que lo leyó, que era la única amiga que frecuentaba aquella siempre animada casa. Pasó revista a quienes acudían cada tarde: todos eran amigos de los hermanos varones. Los sentimientos y las ideas de entonces eran químicamente puros. La amistad, el amor, los primeros hallazgos del pensamiento, carecían de matices. No como ahora: la experiencia hace difícil encontrar algo que no sea poliédrico.

Han pasado muchos años: las fotos del periódico y la propia imagen especular de mi amiga lo certifican. Por un momento pensó en buscar al entrevistado y hablar de aquellos tiempos. Algún secreto aún guarda que podría comentar con él. El pánico a encontrar a un perfecto desconocido le disipó la idea.

Mi amiga pasó de la remembranza a revisar su biografía. Concluyó que entonces tenía todos los caminos abiertos. Ahora hacía balance de lo recorrido y sintió algo de vértigo. ¿Había acertado? Recordó cada una de las bifurcaciones que le había ido proponiendo la vida y alguna duda le acometía acerca de si la elección fue la acertada. ¿Demasiado rompedora o a veces empeñada en la opción elegida con excesiva contumacia? Imposible saberlo e imposible cambiar nada, desde luego.

Casi consumido el café con hielo que tenía en la mano, concluyó citando a un físico cuántico: "Esto, Carmen, es como el viaje en el tiempo; sólo involucionando todo el universo al unísono podríamos volver atrás. Si fuera posible, tendría un inconveniente: arrasaría no sólo con nuestros errores, sino también con lo que amamos. Imagínate tu vida sin tu hijo Lucas: ¿a que no te compensaría?

En días de tanta angustia patria, he preferido trasladarles estas confidencias que hablarles de economía.

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